Investigaciones Históricas Provinciales Malagueñas
Historia Provincial Malagueña
viernes, 9 de enero de 2026
CAYETANO GÓMEZ TRAVECEDO CALVO. UN MILICIANO NACIONAL.
ANTONIO MARÍA ÁLVAREZ GUTIERREZ. UN GRANADINO-MALAGUEÑO. 1799-1874
Nació Antonio María en la ciudad de Granada el quince de mayo de 1799, siendo bautizado por fray Manuel Bueno en la iglesia parroquial de San Matías el siguiente día dieciocho. Fueron sus padres Mariano José y María Josefa.
https://www.senado.es/cgi-bin/verdocweb?tipo_bd=HI20&PWIndice=4&Signatura=HIS-0024-08&Contenido=3
De sus primeros años no sé nada aparte de que se dedicaba al comercio
con América, y no será hasta la década de 1830 que encuentre noticias más
extensas de su actividad comercial. Efectivamente, durante esta década es
cuando se hace con la propiedad de dos de los conventos desamortizados en la
ciudad de Málaga: el de las Agustinas Descalzas, y su iglesia, situado en la Plaza
de la Constitución, y el de San Francisco, que se hallaba entre el río
Guadalmedina y la calle de Carretería.
En el solar resultante de la demolición del primero, construyó un pasaje
comercial y una serie de edificios de viviendas dispuestos en forma de cruz,
con una calle de esta a oeste y otra de norte a sur, con una placita en el
centro. Al pasaje se le puso por nombre el de Álvarez aunque al instalarse en
uno de los locales el Café de Chinitas, pasó a tener desde entonces este
nombre.
Por lo que al solar resultante de la demolición del segundo, en el
construyó una serie de edificios, unos
baños, llamados primero de Álvarez y posteriormente de Las Delicias,
una plaza de toros con capacidad para diez mil personas -ambos inaugurados en
1842-, la sede del Liceo artístico, científico y literario y su residencia, a
la que la dotó con un jardín.
Los baños ocuparon una parte importante de la huerta del convento y era un
local amplio y
“...está compuesto de un salon de decanso
á la entrada de forma cuadrada, muy capaz, con puerta en frente á la de la
entrada al jardín ó mejor di cho á la parte de huerta que queda. En el centro
de este salon hay un bonito templete formado por columnas de mármol blanco, y
encierra una taza de mármol rojo, que tiene un saltador. A uno y otro lado está
cerrada por tresarcadas sostenidas por columnas que comunican á dos rectángulos
perfectos donde están los cuartos de baños. Estos son bastante bonitos y las tinas
de mármol. El centro de cada rectángulo es un pequeño jardin. El agua es muy
buena considerada como para baños dulces, y como tal deben preferirse. La
temporada en que se halla abierto el establecimiento es desde primero de Junio
al treinta y uno de Setiembre.
El servicio es bastante bueno pero le falta
mucho para llegar al que debe haber para una sociedad de buen tono como sucede
en Madrid y Barcelona, no siendo tan exigentes para desear el que se da en
Paris ó Londres. Los precios son bastante módicos.”
Estos baños fueron visitados por Isabel II cuando esta estuvo de visita
en la ciudad en 1862.
“...es una de las mejores de España, por
su solidez y estension, pues puede contener cómodamente diez mil personas.
Ocupa parte de la huerta que perteneció al convento de S. Francisco, y por
consiguiente está lindando con los baños de las Delicias y con el Liceo; debe
ser objeto de la curiosidad del viagero. En el año sedan muy pocas corridas, y
estas suelen no llenar todas las exigencias de los buenos aficionados.”
En el primer cartel, se podía leer
“…habiéndose obtenido el correspondiente
permiso para ejecutar diez vistas de toros de muerte anuales, se abrirá por
primera vez para que, en las tardes del 14, 15 y 16 de agosto del presente año
de 1840, si el tiempo lo permite, se verifiquen tres de las dichas funciones.”
El Liceo ocupaba la planta baja de la residencia, una zona amplia,
“...adornado elegantemente; está
precedido de un lindo saloncito de descanso; y el teatro colocado al final del
salón, es de muy buen gusto. Además, y antes del descanso, hay una sala tocador
para señoras, un salón para el ambigú, biblioteca, la secretaría, guarda-ropas
y otras oficinas.”
El año de 1864, decidió echar abajo la plaza de toros y edificar más
viviendas, que crearon una calle, llamada, como no podía ser de otra manera,
calle de Álvarez. La de al lado se llamó de Purificación, como su segunda mujer.
Así mismo, adquirió el solar que ocupaba la cárcel en la plaza de la Constitución.,
demoliéndola y edificando unos edificios con un pasaje entre ambos, llamado Pasaje
Heredia, existente en la actualidad, como los edificios.
El cuatro de abril de 1851, presentó al Ayuntamiento un proyecto para la
construcción de un teatro con capacidad para dos mil personas, el cual pensaba
levantar, igual que los edificios, en la Plaza de la Constitución.
Consecuente con sus negocios inmobiliarios, fue director de la sociedad
local de seguros mutuos de incendios de edificios.
Aparte de los negocios inmobiliarios, se hizo, a través de influencias, con
el abastecimiento al presidio de Melilla y los Peñones, negocio que en realidad
fue el primero que se sepa en el que anduvo metido nuestro hombre, solo que los
anteriormente citados tienen más trascendencia por lo que supuso para la ciudad.
Por este contrato, se comprometía a abastecer a los llamados presidios menores
víveres y toda clase de suministros para las guarniciones y presos que en ellos
se encontraban
Precisamente, a raíz de este negocio, sufrió un naufragio y un secuestro
por parte de los moros.
Pues resulta que el veintiocho de octubre de 1836, nuestro Antonio María
embarcó junto a otras doce personas, entre marineros y pasaje, entre ellos una
mujer, en un falucho de nombre Caimán, con destino al presidio de Melilla.
Llevaba el dicho barco una carga de víveres y bastimentos a dicho presidio,
siendo una navegación buena y tranquila hasta que al atardecer del día siguiente,
cuando ya se divisaba la costa marroquí, resultó que tuvo la mala fortuna de
encallar en un banco de arena, dañando el barco, el cual ya debía estar en
malas condiciones, pues empezó a inundarse.
Esta situación creó alarma entre la tripulación y entre la confusión, bajó
nuestro hombre a la cámara al objeto de cofre un cofre donde guardaba dos mil
duros, tanto en oro como en plata, y cuando ya estaba en cubierta para saltar a
la lancha, resultó que el oleaje tumbó el barco, con la mala pata de que
Antonio María fue golpeado en la cabeza, perdiendo el sentido y tragando
bastante agua.
Cuando recuperó el sentido, ya habían llegado a la costa, donde tras un
largo recorrido alcanzaron a llegar a una aldea, en la que pidieron socorro.
Los aldeanos, viendo en el estado en que llegaron, les proporcionaron comida
y agua, pero tras arrebatarles cuanto llevaban los recluyeron en una casa, para
poco después llevarlos a una aldea cerca de donde naufragaron llamada Zama,
siendo encerrados en un establo, quedando prisioneros, diciéndoles que si
querían recuperar la libertad, tenían que pagar un rescate.
Antonio María consiguió enviar recado a Félix Dole, su agente en la
plaza de Melilla, quien tras hablar con el gobernador de la plaza, Rafael
Delgado y Moreno, consiguió que este le autorizara a pagar el rescate, a la vez
que le mandaba un escrito en el que le notificaba que
S. D. A. M. Az.
Me es muy grato poder anunciar a Vs. que
salen las Lanchas en su busca, con el dinero necesario, y las precauciones
precisas, sin embargo de las cuales quedo con el mayor cuidado, pr. el Carácter
de los fronterizos, hasta qe. les
tenga a Vs. en
seguridad en esta Plaza, como anelo de corazón. Hemos tomado cuantas medidas
creemos oportunas, pero a ellas debe Vs. ¿? La prevención
y esfuerzo qe.
permitan su situación pa. el buen
resultado, pues qe. no tenemos
buenas Lanchas.
Hasta la vista qe. anelo,
desea a V. y compañeros la posible tranquilidad su afecto S. S. q. S. M. B.
R. Delgado
Tras el consabido regateo con los moros, al final se convino en pagar
un rescate, que según una versión fue de
mil duros, la mitad en oro y la mitad en plata.
Pero cuando ya se las prometían felices, resultó que el jefe de la aldea
dijo que de oro nada, que en plata, provocando la ira de Antonio María, creándose
una situación muy tensa en tato se esperaban los quinientos duros en plata,
pero dijo el jefe que hasta que no llegasen esos quinientos duros, dos de los
rehenes se quedaban allí en prenda. De modo que los restantes fueron embarcados
en un falucho y conducidos a Melilla, donde fueron recibidos con alegría, con
repique de campanas y disparos de cañón.
El dinero restante fue llevado a la aldea y los dos rehenes pudieron llegar
sanos y salvos a Melilla.
Según otra versión, y esta, a mi entender, es la fiable, se afirma que
el rescate de Antonio María y el de los demás le supuso un desembolso de trece
mil duros según aparece reflejado en su testamento, otorgado el once de octubre
de 1870
“...quedando cautivos y perdiendo mas de
trece mil duros, incluso el rescate de toda la tripulación, que pagué por
caridad...”
Esta aventura la plasmó Antonio María en un opúsculo titulado Mi
naufragio, el cual mandó a la imprenta en 1858, en el cual añadió unas
páginas en las que narraba la muerte de su hijo Antonio, el habido con su
primera mujer, a quien su padre, en su afán de proporcionarle una educación lo más
amplia posible, decidió en 1854 mandarlo a estudiar a Alemania, de modo que se
embarcó en la goleta Acys, que hacía la travesía Málaga-Hamburgo, pero
con la mala fortuna que hallándose ya en el estuario del río Elba, se desató
una tormenta que el barco se fue a pique, naufragó, llevándose por delante las
vidas de unas cuantas personas, entre ellas Antoñito.
Esta desgracia la relata, como si de una carta a un amigo fuese, de la forma siguiente:
Querido amigo: otros acontecimientos desgraciados como los que te llevo reflejados, me hacen tomar la pluma para que el débil bosquejo de mis sufrimientos que dedico á tu memoria no quede en parte alguna incompleto. Escrito estaba en el libro del destino, que un Antonio María Álvarez había de se víctima del elemento que tan contrario se me ha mostrado siempre.
Un hijo querido, en todo el vigor de su juventud, al ir á continuar sus estudios en Alemania, sufrió la muerte horrorosa cuyo pormenor verás en el adjunto certificado. Dice así:
El lunes 3 de Noviembre de 1854, delante de mi, Eduardo Schramm, notario jurado y público, doctor en derecho de Hamburgo, y de los testigos que firman abajo, Federico Eodoro Prohm y Adolfo Ritte vecinos de esta ciudad, en mi estudio número 46, Hermannstrasse en Hamburgo, ciudad libre y hanseática, compareció el capitán Carlos Gustavo Osterstrom que mandaba la goleta Sueca Acys, cuyo destino era ir de Málaga á Hamburgo, y que durante este viaje naufragó en Wittsaud en la embocadura del río Elva. El compareciente capitán Carlos Gustavo Osterstrom, ha hecho delante de mi la declaración siguiente, con promesa de prestar juramento sobre la veracidad de la deposición de que se trata, en todo tiempo y cuando se le pida.
Declara dicho capitán haber salido de Málaga el veintinueve de setiembre de este año á bordo del Schooner Sueco Acys, mandado por él y con dirección á Hamburgo, teniendo un cargamento de frutas, con una pequeña cantidad de aceite y de vino.
Además, estaba á bordo como pasajero el joven español llamado Antonio Álvarez, de edad de diecisiete años poco más ó menos y que á bordo todos le llamaban Antonio, el que se había embarcado en dicha ciudad.
Durante este citado viaje, el buque Acys apareció en Wittsaud á la entrada del Elva, el veinte de Octubre de 1854 á las nueve y media de la mañana. El capitán declara haber visto todavía a las nueve sobre el resto del buque, y mientras era arrebatado con cinco hombres de tripulación, sobre un pedazo del entrepuente, á el piloto, á el segundo, al grumete, y al dicho pasajero Don Antonio Álvarez. El buque Acys habiendo naufragado enteramente, y la tempestad durado todo el día, el mismo capitán no vio ya nada, no ha oído hablar del piloto, segundo, grumete y pasagero Álvarez, por lo que cree con toda probabilidad que este y los demás mencionados, se ahogaron o murieron de frío y de cansancio--Leído y aprobado, lo firma C. G. Osterstrom.-
Dicha declaración del capitán Carlos Gustavo Osterstrom ha sido hecha delante de mí y registrado por mí, notario de esta ciudad, y después de haber sido leída y aprobada, ha sido firmada por el compareciente quedando como origina, de que la presente es copia, aprobada por mí, notario, y los testigos que firman abajo.-
Hecho en Hamburgo á nueve de Noviembre de 1854 - Firmado - Schramm - F. T. Prohm como testigo - A, Ritter como testigo.-
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Juzga, querido amigo, las lágrimas que habrán derramado mis ojos por tan sensible desgracia, y los padecimientos de mi familia, al no poder endulzar los últimos momentos de una persona tan querida. Dios, que cob su eterna sabiduría, dispone los placeres y los sufrimientos, nos dará la fuerza bastante para acatar su fallo.
Es tuyo siempre
Antonio María Álvarez y Gutiérrez
Como uno de los principales contribuyentes de la ciudad, también estuvo
metido en política y así vemos como a primeros de 1843 se presentó a las
elecciones a senador por la provincia de Badajoz, obteniendo su escaño y jurando
el cargo el siguiente primero de abril de 1843.
Posteriormente volvió a presentarse a senador, aunque esta vez por la
provincia de Lugo, obteniendo su acta el tres de abril de 1872, renovándola el
veintisiete de septiembre siguiente.
Casó dos veces. La primera fue con Amalia Ruiz Delgado, una peruana
natural de Lima y afincada en Málaga, el veintinueve de diciembre de 1831. El
matrimonio, que se llevó a efecto en la parroquia de San Juan de la capital
malagueña, echó al mundo a tres criaturas: Amalia, Antonio y Pedro.
Al fallecer Amalia el nueve de agosto de 1838, volvió a casarse el
veintisiete de julio de 1842, siendo ella Purificación Moya Chacón, condesa de
Moya y veinticuatro años más joven, hija de Mariano Moya, marqués de Valdecañas,
y de Teresa Chacón. Al matrimonio, aportó Antonio María sus bienes inmuebles,
alhajas y un caudal de tres millones cuatrocientos mil reales.
El matrimonio se efectuó en la parroquia granadina de La Magdalena y
echó a mundo cuatro hijos: Matilde, Antonio, Pedro y Miguel.
Ya he contado la desgraciada muerte de su hijo Antonio, pero no será la
única que golpeó a Antonio María, no, que hubo una segunda y también sobre un hijo,
llamado, ¡también! Antonio, fruto de su matrimonio con Purificación Moya, el
cual, habiéndose alistado a las fuerzas carlistas, cayó muerto el año de 1874.
Falleció Antonio María Álvarez Gutiérrez el veintiuno de diciembre de
1874.
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Nota: la redacción de lo referente a la muerte de su hijo en Alemania, está tomado del opúsculo donde relata su naufragio, captura por los moros y posterior rescate, el cual se encuentra depositado en el Archivo Díaz de Escovar de Málaga.
IHPMalagueñas
Málaga - 2026
domingo, 21 de diciembre de 2025
UN ENTERRADO EN EL CEMENTERIO INGLÉS DE MÁLAGA: GEORGE STEPHENS, CAPITÁN DE MARINA MERCANTE.
Vista de Montrose. Pintado por John Eaviside Clark en 1824
En enero de 1831, recaló en el puerto de Málaga un barco mercante británico, el bergantín Cicero, cuyo capitán era George Stephenson, quien era nativo de Montrose, Escocia. Buscando información sobre este buque y este capitán, he hallado una serie de datos acerca de su actividad y capitán, las que paso a relacionar a continuación.
Advierto que puede haber errores y atribuir a este buque y capitán actividad de otros del mismo nombre, pero por las fechas, parece coincidir. No obstante, dejo abierto el tema para posibles informaciones posteriores o que mis amables lectores me informen de fallos o me aporten nueva información, por lo que les quedaré muy agradecido.
1819:
por un documento manuscrito en una sola hoja en folio y a dos caras, que da
cuenta de un suceso acaecido a este buque en el año de 1819 y que narra los
acontecimientos que condujeron a la pérdida de un ancla y un cable de cadena
del bergantín, de 172 toneladas, en Whitby Roads en agosto de 1819.
El Cicero
había zarpado de Arcángel con un cargamento de avena y sebo, siendo su destino "...el
primer puerto del norte de Gran Bretaña".
Llegó el bergantín a Whitby el 13 de agosto,
donde se contrató un piloto y con la ayuda de este se situó el barco y ancló a
siete brazas, tras lo cual, George Stephens, el capitán del barco, se trasladó
a tierra para dar parte del barco y su carga a Aduanas y hallándose realizando
estas gestiones llegó una tormenta repentina del noreste.
Stephens regresó inmediatamente al barco
para ponerlo en mejor situación y que no sufriera daños, pero quedóel ancla
parcialmente levada, con la mala fortuna de que cuando el bergantín pasó sobre
rocas el ancla se enganchó y para salvar el barco y la carga, se dejó largar
aproximadamente sesenta y tres brazas de cable de cadena y un ancla, que se
fueron al fondo marino, perdiéndose irremisiblemente.
Tras esta pérdida, y con el objetivo de
poner el buque lo más seguro posible, el capitán ordenó que se pusiera rumbo hacia la seguridad del estuario de
Humber, probablemente al puerto de Hull (Kingston Upon Hull)
Los hechos del caso fueron verificados por
el oficial y el práctico, quien aún se encontraba a bordo, redactando el
capitán Stephen un parte del suceso, parte llamado Protesta. Una protesta era una declaración escrita, normalmente
redactada por el capitán del barco y certificada por un juez de paz, cónsul,
notario público, etc., en la que se indicaban las circunstancias en las que se
había producido un daño al barco o a su carga.
1823:
Según una página de internet, existió un bergantín botado el diecinueve de
julio de 1823 llamado Cicero,
construido por Thomas Barrick, con puerto en Whitby y capitán George Stephens.
Esto me plantea dudas acerca de si fue el mismo Cicero o no, si se trata de un nuevo bergantín botado por haber
tenido el anterior problemas que impidieron que continuara navegando o que fue
sometido a una profunda reforma y fue nuevamente botado, opción por la que me
inclino.
1827:
El diecinueve de mayo de 1827, dio vela para Archangel, supongo que será
Arcangelsk, al norte de Rusia. El 12 de agosto volvió a salir para el mismo
destino y el 5 de septiembre para Picton.
En octubre de 1827 recaló en puertos
colombianos.
1828:
El diecinueve de enero de 1828, procedente de Pictou, Nueva Escocia,
Canadá, arribó a Whitby con un cargamento de madera al puerto de Whitby.
En febrero de 1828 lo encontramos en el
puerto de Maracaibo, en Venezuela.
El nueve de julio arribó a puerto en Whitby
procedente de Riga.
El diez de octubre, y después de 58 de
travesía en lastre, arribó al puerto de Quebec procedente de Coleraine, noreste
de Irlanda, cerca de Londonderry, siendo su consignatario Irvine & Co.
Permaneció en dicho puerto canadiense 31
días, partiendo el siguiente 12 de noviembre rumbo a Poole, sur de Inglaterra,
cerca de Southampton.
Tras este suceso, el barco continúo su
actividad, no volviendo a encontrar noticias de él hasta que, como decía al
principio, recaló en enero de 1831 en el puerto malagueño, bien para recoger,
bien para descargar mercancía o ambas cosas a la vez.
1831:
Aunque puedo estar equivocado, este barco y este capitán son los mismos que
arribaron a Málaga en enero de 1831 y para afirmarlo me baso en una información
que ofrecen un Libro de Registros de la compañía Lloyd´s para 1831, donde
recoge los datos de los barcos registrados en esa compañía y entre ellos figura
un bergantín llamado Cicero, cuyo capitán es Stephens y que tuvo
indemnizó unos daños tenidos por el barco en el puerto de Whitby, precisamente
un cable de hierro. Además, coincide en el número de toneladas del barco, una
tonelada de diferencia. El barco tenía una cubierta única con vigas.
![]() |
| El bergantín de Stephens podría haber sido como este |
Pues bien, este buque llegó a Málaga y atracó en el puerto, supongo que a la espera de cargar o descargar, si no las dos cosas. Según documentación usada, su carga eran cítricos y pasas, con destino a los puertos de la América del Sur.
y parece ser que cuando llevaba ya dos semanas en Málaga, la noche antes
de partir, el capitán Stephens, por algún motivo que desconocemos, el día
veinte de ese mes de enero este hombre cayó a las aguas del puerto, no
habiéndose dado cuenta nadie de ello, pues fue encontrado flotando en el agua y
para cuando pudo ser sacado de esta no se pudo hacer nada por su vida, pues ya
era cadáver.
Hubo quien, maliciosamente, dijo que probablemente el hombre
fuera bajo los efectos del alcohol y que cayó al agua, ahogándose.
Sus restos mortales fueron sepultados al día
siguiente en el Cementerio Inglés de Málaga, habiendo tenido el
"honor" de ser el primer individuo en ser enterrado en dicho
cementerio. Hoy día no se sabe que tumba ocupó, aunque sí se sabe que al
levantarse la cerca del recinto del cementerio, su tumba quedó fuera de este,
de modo que aunque fue el primer "inquilino" del mismo, no reposa en
el recinto primitivo.
Supongo que al quedarse sin capitán, el barco debió demorar su partida de la ciudad mientras se solucionaba el enterramiento y el papeleo a que los hechos dieron lugar y cuando lo hizo, puso proa para el Reino Unido, con destino el puerto de Hull, Yorkshire, pero por el camino debió sufrir importantes desperfectos durante alguna tormenta o algún otro tipo de percance, pues el ocho de marzo de 1831 hubo de ser llevado a tierra en Berck-sur-Mer, Paso de Calais, Francia.
IHPMalagueñas
Málaga - 2023
viernes, 25 de julio de 2025
ARTE URBANO EN MÁLAGA CAPITAL.
Pintada callejera realizada a la entrada de un garaje en Málaga ciudad, en una avenida de la ciudad, realizada por un artista anónimo.
A la derecha de la pintada, habían unas letras, garabatos más bien, de una pintada anterior y que hemos quitado para resaltar bien el dibujo de nuestro creador anónimo.
IHPMalagueñas
Málaga - 2025
jueves, 17 de julio de 2025
BREVISSIMA CRÓNICA DE LA CONQUISTA DE ANTEQUERA. 1410.
Tras dejar el infante don
Fernando más o menos solucionados su problemas en Castilla y León, entre ellos la
seguridad del niño que sería el futuro Juan II y la consiguiente paz en el
reino, dejar a sus hijos Sancho y Enrique como grandes maestres de las Órdenes
de Alcántara y Santiago respectivamente y la boda de su hijo Alfonso con María,
la hermana del rey niño Juan II y sobrina del propio Fernando, pudo Fernando
acometer nuevas empresas en lo relativo a la guerra con Granada.
A esta situación de dejar todo en orden, se unió el hecho de que el rey
de Granada no pudo mantener y renovar la tregua que había entre ambos reinos,
aunque lo había solicitado.
Estos factores fueron suficientes para que se decidiese a reemprender
las campañas militares contra Granada, con el fin de aumentar su prestigio y
poder y dejar un reino más ancho al futuro rey Juan II, con lo cual, en febrero
de 1410 partió de Valladolid con su mesnada, dirigiéndose primeramente a
Córdoba, donde junto a sus generales preparó y puso en marcha la nueva campaña
bélica.
Estas reuniones determinaron que el objetivo principal era Antequera,
una ciudad de gran importancia dentro del reino granadino, pues aparte de
contar con una feraz vega solo comparable a la de la misma Granada, era un
importante cruce de caminos que, entre otras cosas, ponía en comunicación la
capital del reino con el importante puerto de Málaga, es decir, se trataba de
una importante vía de comunicación comercial del reino nazarí y la toma de
Antequera supondría un fuerte golpe para Granada.
A mediados de abril, se le unió en Écija la mesnada sevillana acaudillada
por Adelantado mayor de la frontera de Andalucía y Notario mayor de Andalucía Per
Afán de Ribera el viejo, quien traía la espada de Fernando III, talismán
castellano leonés en la lucha contra el moro, y ya todos juntos alcanzaron la
ribera del río Yeguas, frontera entonces entre ambos reinos y allí los
cristianos determinaron el orden de batalla:
- la vanguardia al mando de Pedro Ponce de León, V señor de Marchena
- las alas y la retaguardia las capitaneaban el condestable Ruy López
Dávalos, el almirante Alfonso Enríquez y Gómez Manrique, adelantado de Castilla
- el centro le conducía el infante, a quien acompañaba el obispo de
Palencia, Sancho de Rojas, armado de todas armas como los demás campeones.
El fracaso que tuvo en su intento tres años antes, de apoderarse de
Setenil, hizo que los castellanoleoneses presentaran ante Antequera un ejército
menos numeroso pero mucho mejor preparado, más eficaz y más operativo.
En total, se presentaron ante Antequera el veintisiete de abril un total
de dos mil quinientos lanceros, diez mil peones y mil de a caballo -en esto,
otras fuentes hablan de muchos más efectivos, llegando a cuadruplicarlo-,
poniendo sitio a la plaza, sitio que se alargó hasta el veinticuatro de
septiembre, que se tomó posesión de la plaza. Cinco largos meses en los que los
antiquiríes vendieron cara su derrota.
La parte granadina no estuvo ociosa. Mandó el emir -Yusuf III- predicar
en las mezquitas la guerra santa y envió a sus hermanos Alí y Ahmet a Archidona
con cinco mil de a caballo y ochenta mil peones, una cifra exagerada sin lugar
a dudas, pero que hicieron flaquear la moral de la tropa, ante lo cual Fernando
les soltó una arenga para levantar los ánimos y encender en ella la llama del
ardor bélico. Según uno de los textos usados, dicha arenga fue así:
«Camaradas, lo que a vosotros os llena de
inquietud y temor, eso mismo me llena de alegría y esperanza. Esperanza en una
victoria más rápida y más aplastante; también alegría, porque veo que no quedan
ya restos de traidores en nuestras filas. El enemigo no tentaría la suerte de
la guerra si tuviese esperanzas de que, como hizo en la campaña anterior,
podría sobornar la voluntad de algunos. Me congratulo, pues, de vuestro valor,
porque el enemigo no se atrevió a tentar vuestras voluntades … Soldados a los
que yo elegí y que me atrevería a enviar a combatir contra el ejército de Ciro,
o de Darío, o de Jerjes.
«No tengáis miedo a esa tumultuosa tropa,
alistada de entre los hombres más cobardes y turbulentos, una tropa que confía
no en sus fuerzas o en la ciencia militar, desarmada en su mayoría, enviada no
tanto para luchar cuanto para asustar, porque viene sin bagajes, sin
intendencia, sin aparato bélico. Si conseguimos mantenerles tres días dentro
del campamento, se disolverá y se verá obligada a regresar … Yo no creí
oportuno reclutar muchos hombres, sino sólo a los fuertes y bien armados,
aunque podía haber dispuesto de muchos más. Creedme, si ahora nos llegaran más
refuerzos, en mi nombre y en el vuestro me atrevería a decir que su llegada me
causa dolor e incluso los devolvería, pues ¿qué gloria obtiene un general y los
que buscan ocupar su lugar, si no vencen valiéndose del arte militar y del
valor, sino del número de soldados?
No sólo os invito a una gloria mayor, sino
incluso también a un botín más grande aún, pues, cuando los que vencen son
pocos, todos obtienen beneficio.
Ellos no van a tener ahora la suerte que
tuvieron en Setenil, pues ¿qué tienen en común aquella campaña y ésta? En
aquella estuvieron muchos que ahora no están y están otros muchos que entonces
no estaban. Además, en Setenil hubo hambre, traición, cuantiosas naves en ambos
bandos, pero ejército de tierra prácticamente nulo; en esta campaña hay comida
de sobra, fidelidad entre los jefes y soldados, ausencia de naves en ambos
bandos y un ejército de tierra.
Tengamos confianza en el santo bajo cuyo
estandarte combatiremos28. Os digo que nos vimos frustrados de tomar Setenil
para que, probada nuestra constancia ante Dios y acrecentada la soberbia de
ellos, los derrotaremos en guerra abierta … Deponed ese miedo indigno de
vuestro valor; no penséis en otras cosas que no sean el valor, la gloria, la
victoria, el botín y, ante todo, Dios»
Sea como fuere, ambos ejércitos se encontraron frente a frente a
primeros de mayo, iniciándose el combate el día seis, acometiendo los
granadinos con gran empuje sobre la sierra de las Cabras o de la Rábita, donde
se hallaba el obispo palentino con sus huestes, quienes reforzados por hombres del
capitán Juan de Velasco, lograron contener y rechazar el embate granadino,
ayudados, desde luego, por las trincheras y empalizadas que se habían hecho.
Y aun a pesar de las arengas y ejemplo dados por Alí y Ahmet, los granadinos,
faltos de la disciplina y formación militar necesaria, cedieron ante el empuje
castellanoleonés, produciéndose una desbandada entre los moros en todas direcciones,
siendo perseguidos , sobre todo, los que huían por el camino de Málaga y el de Cauche,
mientras que el infante Fernando acometía con sus fuerza al campamento
granadino situado en un lugar llamado Boca del Asno, a la vez que encomendaba al
comendador mayor de León que ejerciera una férrea vigilancia sobre los
antequeranos e impidiera a toda costa que realizaran salida alguna de la ciudad.
La victoria castellanoleonesa fue total, pues según las crónicas quince
mil granadinos entre muertos, heridos y prisioneros, amén de un cuantioso
botín, fue el precio que pagó Granada para esta batalla y, además, Antequera
quedaba cercada al mando de su firme y valiente caudillo, el último alcaide
moro de Antequera, Al-karmen, quien antes que amilanarse ante la tremenda
derrota sufrida por los suyos, se aprestó para ofrecer la más encarnizada
defensa. Antequera caería, pero los cristianos sudarían sangre para lograr
rendirla.
Informan las fuentes consultadas que venidas la máquinas de asalto a
mediados de mayo desde Sevilla a bordo de trescientas carretas -aunque con casi
toda probabilidad fueron construidas en las proximidades de Antequera debido a
lo dificultoso del transporte desde Sevilla y a las regulares condiciones de
las “carreteras” de la época-, dio comienzo propiamente dicho el asedio.
Se procuró en la medida de lo posible privar el acceso al agua a los
antequeranos, a la vez que se aproximaban a las murallas las máquinas de guerra,
aunque el acertado dispositivo levantado por Al-karmen hizo que sus defensas destruyeran o
inutilizaran, momentáneamente, esas máquinas y causaran estragos en sus
operarios, ayudándose para ello de una gran bombarda emplazada en la torre del
homenaje, que al final logró ser neutralizada gracias a los certeros disparos
de un maestro artillero.
El siguiente paso fue cegar el foso, o las partes necesarias, que
rodeaba la alcazaba y el día que se dio el asalto a las bastidas, hombres y
máquinas, salió Al-karmen con una tropa, logrando desbaratar los esfuerzos
cristianos y causar un gran daño entre ellos a la vez que incendiaba cuantas máquinas
de asalto pudo.
Tras esto, se dieron varios intentos de asalto, pero todos con la suerte
adversa para los castellanoleoneses, dedicándose entonces a realizar
incursiones por tierras de moros enfrentándose a las tropas granadinas que
acudían a intentar levantar el bloqueo, habiendo un permanente combate entre
ambas partes por tierras de Málaga y de Jaén, derrotándoles las más de las
veces, mientras se mantenía el sitio a la ciudad, a la vez que se acabó de
rodear con un muro la alcazaba, bloqueando así los caminos de acceso a ella.
Ante esta situación, que en realidad no estaba siendo favorable a los
granadinos, envió el emir un embajador con la misión de convencer a Fernando
para que cesase en su asedio y se aviniese a concertar una tregua de un par de
años, pero después de tanto tiempo, recursos y hombres empleados en la empresa,
propuso el infante que si el emir quería la paz debía atender a sus condiciones,
las cuales eran:
- declararse el emir vasallo del
rey de Castilla,
- pagar las parias que
acostumbraron a hacer sus antecesores en el trono granadino y
- liberar a todos los cristianos que
se hallaban cautivos en cualquier parte del reino granadino.
Estas condiciones resultaron poco menos que insultantes para el
embajador, de nombre Zaide Alamín, quien a no ver cumplido su propósito,
intentó sobornar a gente del campo cristiano para que prendieran fuego a la
ciudad, pero el complot fue descubierto y los implicados detenidos y ajusticiados.
Pasaba el tiempo y en estas llegó la noticia de que Yusuf III había
levantado un ejército para enviar en socorro de Antequera, ante lo cual
Fernando solicitó urgentemente armas y soldados a numerosas ciudades de la Andalucía
cristiana, así como dinero para sostener el esfuerzo económico de la campaña,
lo que consiguió, así como de privar definitivamente de agua a la plaza, aunque
no obstante esto, los soldados empezaban a notar ya las fatigas de la guerra y
de lo nocivo de un asedio en la moral de la tropa, por lo cual, para levantar
esa moral e imprimir un carácter más sagrado a la empresa, solicitó que se
trajera al campo cristiano el pendón de San Isidoro -también llamado de Baeza-,
acompañado por soldados.
Sobre esto, la Crónica de Juan II dice que
«Los reyes de Castilla quando yvan a aver
la pelea con los moros, o entravan por sus cuerpos en su tierra, llevavan
siempre consigo el pendón de Sant Esidro de León, aviendo muy grande deboción
en él. E por ende el Infante, como hera muy noble e muy católico, avíendo en él
muy grande deuoción, enbió mandar a León que le troxiesen el dicho pendón.
E llegó el dicho pendón al real en diez días
de setienbre, e traíalo vn monje. E hera ya tarde quando vino; e bien pluguiera
al Infante que obiera venido antes. E mandólo salir a recauir, e entró
aconpañado de gente de armas. E el Infante plugo mucho con él, por la grande
deboción que avía en él»
Nota: hay
autores que piensan que este pendón fue elaborado poco antes de este hecho, con
el objetivo de usarlo precisamente en esta campaña.
Tuvo su efecto la llegada de dicho pendón, pues pocos días después se
reanudaron los esfuerzos de asedio y ataque, tomando una de las torres de la
muralla, de donde echaron a los defensores, suponiendo el principio del fin de
Antequera.
La Crónica de Juan II sobre esto, dice
«E pelearon de tal manera que echaron los
moros fuera de la torre; e las primeras vanderas que en la torre subieron
fueron las de Garcifernández Manrique, e de Carlos de Arellano, e de Álvaro
Camarero, e de Peralonso d’Escalante. Y el Infante mandó luego embiar por los
pendones del Apóstol Santiago, e por el pendón de Santo Isidro de León, e por
los pendones de Sevilla e de Córdova, e mandolos poner encima de la torre del
escala, más altos que los suyos que ende eran ya venidos. […]
E los señores pusieron sus vanderas cada uno
en la torre que ganó a la parte de su combate. »
Ante esto, los antequeranos solicitaron una tregua de un mes para ver si
Yusuff III enviaba algún socorro, accediendo a ello Fernando, pero solo
concediendo catorce días, al cabo de los cuales, las tropas cristianas, ayudadas
por la escasez de víveres, armas y, sobre todo, de agua, que se padecía en la
ciudad, lograron el día dieciséis de septiembre penetrar en la alcazaba y la
ciudadela, conquistándola, quedando como único reducto el alcázar, que resistió
hasta el siguiente día veinticuatro, que capituló, quedando así Antequera para
el reino castellanoleonés, suponiendo esto un hecho de gran magnitud que
proporcionó fama, dinero y prestigio tanto al infante Fernando como a todos los
ricoshombres que costearon y participaron en la campaña, pero sobre todo a
Fernando, quien dos años más tarde se convertiría en rey de Aragón.
Dicha victoria tuvo su eco no solo en la Península, sino que traspasó
fronteras.
Las condiciones de la capitulación fueron pocas: los supervivientes del
asedio abandonaría Antequera con lo que pudieran llevar encima y sería
escoltados hasta Archidona, estimándose en alrededor de tres mil los que
dijeron adiós a la ciudad, quienes contaron con mil cien bestias de carga prestadas
por los cristianos para transportar lo poco que se llevaran hasta Archidona.
El cronista Alvar García dice que los que abandonaron Antequera fueron
dos mil quinientos treinta y ocho personas, repartidas de la siguiente manera:
- 895 hombres en edad de luchar,
- 770 mujeres
- 873 niños de ambos sexos,
pero no menciona a los viejos,
que sin duda más de uno debió de salir de la ciudad, dando como los resultados las
antes apuntadas alrededor de tres mil personas que abandonaron la ciudad.
Estos antiquiríes, una vez salidos de la ciudad fueron llevados a
una zona determinada, donde durante dos días pudieron vender cuanto no podían
llevarse, al cabo de los cuales, cargando en las bestias antes mencionadas lo
poco que se llevaron, partieron de Antequera camino de Archidona, desde donde
se dirigieron a Granada y otros puntos del reino nazarí o del resto de España.
Una vez en posesión de la ciudad y la alcazaba, se procedió a repartir
los inmuebles y a la conformación del gobierno de la ciudad, nombrando alcaide
y justicia mayor a Rodrigo de Narváez. Así mismo, se procedió a consagrar la
mezquita como iglesia, siendo “actor” en esta ceremonia el pendón de San
Isidoro
«Y en el primero día de otubre ordenó el
Infante de hacer bendecir la mezquita de los moros que dentro estaba del
castillo, y el Infante vino desde su real en procesión, viniendo a poner todos
los clérigos e frayles que en el real había, con las cruces e reliquias de su
capilla, llevando delante los pendones de la Cruzada e de Santiago e de Santo
Isidro de León, e la vandera de sus armas y el estandarte de su devisa. E iban
con el todos los grandes que en su hueste estaban, dando muy grandes gracias a
Nuestro Señor»
También se restauraron las murallas, se nombró una santa patrona, que fue Santa Eufemia, se le concedió a la villa un escudo de armas, que como era natural fueron el león y el castillo, al que al poco de ser nombrado Fernando rey de Aragón, se le añadió una jarra de azucenas símbolo de la orden hospitalaria que había refundado Fernando.
IHPMalagueñas
Málaga - 2025
sábado, 12 de julio de 2025
ESTANDARTE DE LA ANTIGUA COFRAÍA DE SANTA MARÍA DE LA CABEZA DE ANTEQUERA. 1591.
Existió en la ciudad de Antequera una antigua cofradía de la Virgen de la Cabeza, que por mor del devenir de la historia de los pueblos y ciudades, despareció, quedándonos como uno de sus recuerdos su pendón, el cual se conserva en el Museo de la Ciudad de Antequera (MVCA), museo en el cual se pueden ver auténticos tesoros, como el Efebo de Antequera, una escultura romana del S. II.
Este estandarte de la Virgen de la Cabeza es una magnífica obra anónima datada en 1591. Tiene forma rectangular, con los extremos inferiores terminados en punta y está compuesto por dos caras:
- en una de ellas aparece, dentro de un tondo, la Virgen de la Cabeza entre Santa Ana y San Roque.
- en la otra cara, aparece el escudo de la ciudad de Antequera con su patrona Santa Eufemia sobre un jarrón con azucenas -como si fuera una azucena más- entre las figuras de un león y un castillo.
En su decoración se emplea un tipo de bordado renacentista, en el que alrededor de los tondos hay guirnaldas circulares con motivos vegetales, extendiéndose hacia los ángulos inferiores. Una serie de inscripciones con letras bordadas dentro de cenefas, recorren el perímetro de cada una de las caras de la pieza.
El bordado se realiza en hilo metálico dorado con poco realce y regular en toda la superficie del paño. Se observa que únicamente en el tondo de la Virgen de la Cabeza la decoración está realizada mediante la técnica de matizado en seda.
Sus dimensiones son de 224,5 x 107 cms. y su procedencia antes de ingresar en el Museo es el depósito de la iglesia de San Juan Bautista de la ciudad de Antequera y se puede ver en la Sala XII del Museo.
EL ESCUDO DE ARMAS DE ANTEQUERA. UN ARTÍCULO DE ABRIL DE 1930
En la revista Antequera por su amor, en su número de abril de 1930, aparece un artículo titulado El escudo de armas de Antequera, escrito por José María Fernández, con profusión de datos y algunas imágenes y que por parecernos interesante lo transcribimos íntegro a estas páginas. (Esta revista se encuentra en el Archivo Histórico Municipal de Antequera, su propietario)
Esperamos que les resulte interesante.
Se ha fantaseado mucho sobre el significad o del blasón de Antequera , consiguiendo sólo embrollar al fin lo que al principio aparecía harto claro; que los temas heráldicos fueron siempre propensos a la divagación y al disparate.
Como el lector ve y todo el mundo sabe, las empresas del escudo mencionado son: un león rampante, una jarra de azucenas y un castillo de tres torres. No existe en el Archivo de la ciudad, ni hay noticia de que en ningún tiempo haya existido la presunta concesión original de tales armas, ni traslado ni referencia alguna acerca de ello, que de haberla habría seguramente dado la explicación de los símbolos heráldicos; bien que estos, por lo demás, aparezcan a la mirada libre de prejuicios, absolutamente claros.
Conserva, sí, en cambio, el riquísimo Archivo Histórico local, tan poco estudiado hasta ahora, diversas representaciones del blasón citado, de distintas épocas y muy desigual valor artístico; y, caso extraño, la primera de aquellas cronológicamente, la más valiosa por autenticidad y primacía y la belleza de su arte, ha permanecido ignorada siempre, escapando a la mirada de eruditos y curiosos, a pesar de hallarse en documento importantísimo y a la vista de todos en la propia vitrina del Archivo.
Rara inadvertencia únicamente explicable por la pequeñez excesiva del dibujo y lo decolorado y desvaído de la tinta. Enriquece tan precioso escudo la cabecera de la confirmación del privilegio de Antequera por Enrique IV, otorgada en Úbeda en Septiembre de 1458.
En el centro, en campo blanco, aparece una gran jarra con tres varas de azucenas -corta y ya muy borrosa la de en medio- abiertas y en capullo; flanquéanla un león rampante, sin corona, mirando a la izquierda y hacia fuera, como en el tercer cuartel del escudo de España, y un castillo de oro de tres torres; el león y el castillo asaz pequeños a proporción de la jarra. No tiene ésta aspecto de cerámica -terraza- sino mejor de obra primorosa y elegantísima de orfebrería o platería de puro estilo gótico. Excepto el castillo, de oro, escudo y empresas están simple y finamente delineados con tinta. No lleva el escudo inscripción ni cifra alguna.
Siguen en antigüedad al escudo descrito, las armas de un famoso pendón del Concejo antequerano, creído, por error, tradicionalmente el auténtico que a la villa dejara el Infante a raíz de la Conquista...
Y hagamos ahora, ya que hay oportunidad para ello, una aclaración. Hace ya muchos años publicó el Sr. Amador de los Ríos (D. Rodrigo) en «La Ilustración Española y Americana» , un vago trabajo acerca de este pendón, lleno de contradictorias e insólitas conjeturas y caprichosa s negaciones.
Desde luego y aun no existiendo otras razones que invalidaran en todo, como veremos, el artículo del señor Ríos, habría que desechar la hipótesis por él propuesta y refutada de que los leones y castillos de ambas caras de la enseña pudieran haber figurado originariamente en los cuatro cuarteles de un guión real.
Y esto no, ciertamente, por carecer de corona los leones, como arguye el señor de los Ríos -que aunque otra cosa él creyera esa es la forma en que con más frecuencia aparecen figurados aquéllos en el blasón de los reyes de Castilla, desde Fernando III hasta Enrique IV y aún mucho después-, sino porque de ser así cuartelados habrían resultado los leones (por estar ambos vistos del lado derecho) mirando uno y otro a sus respectivos castillos, forma en absoluto inusitada e inadmisible, no ya sólo en el blasón castellano sino en heráldica general. Además, salta a la vista la perfecta unidad de estilo de las figuras, y hay testimonio fehaciente de que su colocación fué siempre la misma, como tal pendón de la ciudad, del cual sólo se ha renovado en diversas ocasiones por deterioro, el paño del fondo.
Si descontando, pues, las afirmaciones todas del señor Ríos, y la tradición de origen arriba aludida, nos preguntamos ahora, cuándo se hizo este pendón, el revelador lenguaje de las formas artísticas parece respondernos que hacia fines del siglo xv o acaso en el primer tercio del xvi. Y sin embargo, y perfectamente acorde con la tradición admitida, sabemos que Antequera poseyó un pendón que le dejó su glorioso conquistador el Infante don Fernando.
En el acta de proclamación de D.a Juana y D. Carlos (27 de Abril, 1516) inserta en el segundo libro del cabildo de esta ciudad, se dice
«que mandaron los caballeros del Concejo que fueren traídos los pendones questa cibdad tenía a las casas de dicho cabildo, especialmente el pendón antiguo que ovo dexado el poderoso e católico infante don Fernando, de gloriosa memoria... con que la ganó de los moros enemigos de nuestra santa fe católica.. e asi mesmo el pendón que la cibdad ovo fecho para sus guerras e asonadas que en algunos tiempos esta cibdad tovo con los dichos moros».
Y luego, en 18 de noviembre del mismo año, con motivo del levantamiento de Málaga contra el almirante D. Iñigo Manrique, manda la ciudad que se pregone, que los peones que los jurados señalaren estén apercibidos -para la ida a Málaga en socorro del Almirante, cercado por los revoltosos en Gibralfaro- y elige por capitán de la dicha gente a Fernando Chacón, alguacil mayor, y manda que lleve
« ...el pendón nuevo de la ciudad».
Este pendón nuevo -entonces-, es decir, aquel que la ciudad hizo para sus guerras y asonadas, podría ser, el que por error, desaparecido no sabemos cuándo ni en qué circunstancias el antiguo, se creyó después el que dejara el Infante.
Pero hay todavía un acta posterior que desconcierta aún más. En 1 de octubre de 1534 se acuerda por la ciudad
«que del tafetán que Iñigo de Arroyo compró en la ciudad de Granada se haga una bandera con las armas de la cibdad.»
Y cabalmente, a ninguna fecha como la última mentada, cuadra tan bien el estilo plenamente renacentista de la jarra, y el característico león con mechones en las conyunturas de los miembros posteriores, inspirado en el de Borgoña, no anterior en España al blasón de Felipe el Hermoso; es decir, a los albores del siglo XVI.
Custodia el Archivo municipal un bello cuanto valioso estandarte de terciopelo carmesí bordado de oro e imaginería de sedas policromas, que fué de la antigua cofradía de Santa María de la Cabeza, desde hace muchos años extinguida.
En la cara posterior ostenta, bordadas y superpuestas las armas de la ciudad con ciertas arbitrarias novedades: tales como la imagen de la patrona de Antequera, Santa Eufemia, surgiendo entre azucenas sobre la jarra; la bandera de la Cruz ondeando en la torre central del castillo, y el campo del escudo, o mejor dicho, del círculo o medallón donde se hallan inscritas las empresas, tachonado de estrellas. El orden de dichas insignias heráldicas sigue todavía en este ejemplar (1591) siendo el mismo: el castillo a la izquierda—la derecha del espectador — y el león, naturalmente, a la diestra.
En la portada de cierta curiosa y ya rara edición local del privilegio de Antequera, impresa en esta ciudad por Claudio Bolán en 1600, figura otro escudo reproducido asimismo en este trabajo.
Ofrece nuevas variantes. Las tres empresas no están en éste, como en los escudos anteriores, libres en el campo o fondo del escudo, sino caprichosamente apoyadas en el suelo. La jarra con las simbólicas azucenas es de forma renacentista, pero pesada y sin gracia, de pie gallonado y asas enroscadas. El castillo, de planta circular, con tres torres encaperuzadas; harto mezquinas las laterales, rematando las tres en ondeantes banderitas. Tiene aquél tres puertas y en los muros muchas saeteras, óculos y rombos. El león -alimaña de imposible clasificación zoológica- luce, por primera vez en el blasón antequerano, una enorme corona en la cabeza.
La jarra, con pie, cuello y asas de oro y cuerpo que pretende ser de cristal o plata, apoya, o mejor, surge de la punta del escudo, todo torpe o desgraciado.















