Historia Provincial Malagueña

Amigos visitantes, con estas páginas que siguen pretendo dar a conocer un poco de la riquísima y variada historia del paisaje y del paisanaje de la siempre sorprendente provincia de Málaga.

Espero que les aproveche y gracias por acercarse a estas líneas.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

MARISCAL DE CAMPO MARTÍN DE LA CARRERA HUET. 1773-1812.

   Martín de la Carrera Huet Álvarez de Sotomayor era natural de Málaga y nació el diecisiete de agosto de 1775 y fue bautizado como Martín María de la Asunción Pablo José el siguiente día diecinueve, en la parroquia de los Santos Mártires.


Era hijo de noble cuna y cuyo padre, que se llamaba Luis de la Carrera Álvarez de Sotomayor y  natural de Lucena, también era militar, Capitán de una de las tres Compañías del Regimiento del primer Batallón de la Princesa. Su madre fue María Antonia Huet Bontempo, natural de Alicante.

Así mismo, sabemos por una descripción aparecida en un libro escrito por Vicente Blasco Ibáñez que

"...era una especie de joven paladín de los descritos en libros de caballerías, célebre por su membruda complexión y por la facilidad con que de un Sablazo derribaba, sin duda, dos o más enemigos."

Fue instruido en las primeras letras, así como en la gramática latina, filosofía y matemáticas y a los diez años se le sentó plaza de Cadete en el Regimiento de la Princesa, del que su padre, como ya se ha dicho, era Capitán de Granaderos y con quién pasó a Nueva Granada para permanecer de guarnición en Cartagena de Indias. En estos tiempos obtuvo su empleo de Subteniente.

Una vez vuelto a la Península, pasó al Regimiento de Sevilla y en 1793, ya con el empleo de Teniente, pasó a Francia cuando la Guerra del Rosellón, campaña durante la cual demostró sus excepcionales dotes como soldado y como oficial, granjeándose el aprecio y las recomendaciones de los General Caro, Ricardos o el conde de la Unión.

Efectivamente, hallándose en Algeciras desde el veinte de mayo de 1792, se embarca el veinticuatro de febrero de 1793 para Barcelona, pasando el río Tech el siguiente diecinueve de abril y por orden del General Ricardos pasan, al mando del Mariscal Diego de la Peña, a la Cerdaña francesa el veinticinco, invadiendo el país y ocupando varios pueblos y sucediendo la acción de Tuhir del veintinueve y treinta de junio.

Particularmente célebre fue su actuación en la conocida como Jornada de la Percha, pues cuando en un momento de la refriega, viéndose solo y a merced de los enemigos, su arrojo, intrepidez y valentía se adelantó a estos llegando a un par de cañones, logrando prenderles fuego e inutilizarlos, a la vez que estorbaba e impedía la acción de una columna enemiga. Solo una bala de fusil, que le pasó rozando, dio con él en el suelo, dejándolo, aparentemente, muerto.

Mas viendo los franceses que tan solo estaba herido y admirados de su valor, lo recogieron y lo curaron y tras acabar la guerra solicitó su pase al arma de Caballería, pasando en 1795 como Capitán al Regimiento de Caballería del Rey, donde sirvió hasta el de 1800, año en el que pasó a la Real Brigada de Carabineros y al detall de Reales Guardias de Corps.

En 1801 nos lo encontramos, además, como Ayudante de campo del General Jefe de la Vanguardia, marqués de la Solana, hasta que en 1808 pidió y obtuvo su agregación como Coronel en el Regimiento que ya servía, en el del Rey, y tras tomar su patente y pasaporte pasó a Dinamarca a ponerse a las órdenes del marqués de la Romana, siendo precisamente Martín de la Carrera quien, tras ser proclamado como rey de España José Napoleón, comunicó el diez de agosto de 1808 al marqués de la Romana la noticia en Niboorg, Fionia, Dinamarca.

Dicha noticia la recibió, según podemos leer,

"...El Marqués, más receloso, más indeciso ó menos afrancesado, encontró una oposición más decidida en todas las guarniciones de su demarcación, ya enteradas de la situación de España por el ayudante Llanos, que había regresado en compañía del Coronel D. Martín de la Carrera, testigo y autor de los sucesos de Madrid y del levantamiento general de las provincias..."

Una vez la Romana convencido de que debía volver rápidamente a defender a España de Napoleón, Martín de la Carrera fue de los que con más eficacia contribuyó al embarque de las tropas españolas en barcos que los ingleses habían puesto a su disposición para volver a España.

Efectivamente, el Regimiento de Caballería del Rey, que se hallaba en Jutlandia, partió para Randers y Ahrus, pasando con él a Fionia, reuniéndose, así, con el ejército, embarcando todos para la isla de Langelad, donde después de nueve días de espera, pasaron a Goteborg, Suecia, donde recibieron auxilios, partiendo de esta plaza el siguiente trece de septiembre para España, alcanzando el puerto de Santander el diez de octubre.

Es probable que en estas fechas obtuviera el empleo de Brigadier.

Tras pasar con la Romana al Principado de Asturias, fue comisionado para ir a Puebla de Sanabria, poniendo a la plaza y su partido en defensa y alarma, recogiendo piezas de artillería y dinero, con lo que pasaba a Portugal para ponerlo a buen recaudo. Así mismo, pasó a Tuy y Vigo reclutando gente para el ejército que se estaba formando.

Efectivamente, en abril de 1809 se levantó por parte de los caudillos gallegos una división llamada División del Miño, a la que se le agregó una partida procedente de tierras salmantinas y capitaneadas por José maría Vázquez, apodado el Salamanquino, la cual división fue puesta el siete de mayo a las órdenes de Martín de la Carrera, quien había estado por tierras de Puebla de Sanabria recogiendo voluntarios y dispersos del ejército del marqués de la Romana, habiendo sido atacado en la Puebla por los franceses, pero los rechazó con los cañones que hasta entonces había tenido ocultos. Pasó tras esto a Orense con mil quinientos hombres de infantería, setenta de caballería y nueve cañones, aumentando sus fuerzas con milicianos que habían participado en el cerco de Tuy.

Con la adición de esta gran fuerza se llegó a contar la División del Miño con una fuerza  de dieciséis mil hombres, algunos caballos y nueve piezas de artillería, con todo lo cual puso rumbo a Santiago de Compostela, donde al llegar le salieron a oponérseles tres mil hombres del General Maucune, a los que derrotó, llegando a Santiago el siguiente día veintitrés de mayo. En la ciudad encontraron un depósito con fusiles y vestuario, así como cuarenta arrobas de plata que los franceses habían robado de las iglesias.

Tras esta victoria, Martín de la Carrera, aun Brigadier, envió un parte de la acción, la cual apareció publicado en la Gazeta del Gobierno del cuatro de julio de ese año

"El brigadier D. Martin de la Carrera ha dado parte de que habiendo tenido noticias positivas de que derrotado y arrojados de Portugal los enemigos, se dirigia el Mariscal Soult con las reliquias de su exército por Orense á Lugo para reunirse con la división de Ney, se puso en marcha [Martín de la Carrera] con las tropas de su mando desde Vigo en la madrugada del dia 21 de mayo ultimo con ánimo de impedir que lo verificaran, y de empeñar una acción...

....  Cargados los enemigos empezaron á desordenarse, y el fuego de nuestra artillería, que no en valde tiene la opinión de ser la mejor de Europa, con un fuego el mas vivo y acertado, llenó inmediatamente el campo de cadaveres, y los vencedores de Austerlitz tuvieron que abandonarlo. Dos o tres veces intentaron reunirse inutilmente, pues estrechados por nuestros valientes soldados, se entregaron á una vergonzosa fuga, en que fueron perseguidos hasta que cerró la noche, de modo que no pudieron oponerse sino muy parcialmente, pagando siempre su atrevimiento.

Volvieron los enemigos á querer salir al encuentro, animados por un refuerzo que recibieron de 800 hombres de infantería; pero no fueron menos escarmentados, y tuvieron que abandonar la ciudad de Santiago con pérdida de 8 banderas, 5 caxas de guerra, 30 caballos, 800 fusiles, 442 cananas, muchas municiones y efectos de parque, 2.400 pares de zapatos, 700 vestuarios y 41 arrobas de plata que tenían en la casa de la Inquisición, donde la fundían en barras....

Según declaración de los prisioneros constaba su fuerza de 2700 hombres de infantería, 200 de caballería, 9 cañones de 4 y un obús de 6 pulgadas, que sirvieron tan mal que ni un solo herido tuvimos de esta arma, y su perdida ha consistido en mas de 400 hombres muertos, entre ellos un General de brigada y 5 oficiales, y tambien 38 prisioneros, de los quales estaban heridos 25 con dos oficiales, sin contar al general Moguier que lo fue con dos balazos, y 80 carros que entraron en la Coruña.

Por nuestra parte hemos tenido 29 hombres muertos con el subteniente del real cuerpo de artillería D. Gerónimo Salamanca; 80 heridos, ....
Concluye el brigadier Carrera diciendo: que .... no puede omitir que el ataque fué en el día que se celebró la aparición del santo apóstol Santiago, y en el campo mismo donde se manifestó la estrella, según la tradición histórica"

El seis de junio de 1809 partió el Mariscal Pablo Morillo de Pontevedra con la División del Miño  en dirección a Vigo con el propósito de observar al enemigo y al llegar a San Payo se encontró con su puente estaba cortado, por lo que encargó a Martín de la Carrera que formase uno de barcas, lo cual ejecutó nuestro hombre con rapidez y perfección, pudiendo pasar nuestros hombres, pero de pronto se presentó el Mariscal Ney con tres mil hombres, de los cuales cuatrocientos eran de caballería, y seis cañones.

Los combates se sucedieron, como es conocido, los días siete, ocho y nueve, con la victoria indiscutible de los españoles, obligando a los franceses a retirarse  de Galicia.

Tras esta acción, pasó junto con el General Mahy a Astorga, pero antes, al pasar por La Bañeza, ocupada por los franceses, dividieron el ejército en tres columnas, pero no llegaron a entrar en acción, pues los enemigos emprendieron la fuga, siendo perseguidos durante unas tres leguas, quedándose quedando en poder español todos los equipajes de los oficiales. Tras esta acción continuaron a Astorga, donde se hallaba el marqués de la Romana.

En octubre de 1809 recibió para auxilio de sus tropas, tres mil reales entregados por los capitulares de la catedral de Coria.

El dieciocho de octubre de 1809, se halló, como Mariscal de campo en la Batalla de Tamames. Se hallaba al mando de la vanguardia, a la izquierda del ejército español, recibiendo el embate de cuatro mil de infantería y de setecientos de caballería, franceses, resistiendo inamovibles los hombres de su mando semejante acometida, lo que facilitó que la caballería española, que se hallaba a su izquierda y flanco, saliese decidida para atacar a los franceses.

Mientras el resto del ejército atacaba resueltamente a los franceses, Martín de la Carrera, al frente de su División y envuelto por los enemigos, arengaba con enérgicas órdenes y con su ejemplo a atacar y arrollar al enemigo a la bayoneta

«...La vanguardia al mando de su general el mariscal de campo D. Martín de la Carrera, que ocupaba nuestra izquierda, por ser donde principiaba la altura en que estábamos situados á terminar la llanura por una suave pendiente muy accesible, recibió el decidido y violento choque de los 4.000 infantes y 700 caballos, con una firmeza inexplicable, para dar lugar á que nuestra caballería, que tenía a su izquierda y flanco, colocada en un bosque, saliese como yo había prevenido á atacar repentinamente las columnas enemigas...»

"...«la vanguardia, conducida por los generales Mendizabal y Carrera, cargó con el mayor espíritu y bizarría, derrotó al enemigo, y recuperó á punta de bayoneta 6 cañones, que habían caído en su poder durante la retirada de la división de nuestra caballería. En esta carga hizo la vanguardia gran carnicería en las filas del enemigo, tomándole un cañón de a 8, con cantidad de municiones...»

El resultado de esta batalla es de sobra conocido y como curiosidad, decir que nuestro hombre, durante la batalla recibió dos balazos y una cuchillada.

Esta que a continuación ponemos y que aparece en la Revista de Historia Militar Nº 113, era la fuerza mandada por Martín de la Carrera en esta batalla, la División de Vanguardia:

Unidad                             Fuerza         Muertos     Heridos       Mando
Inf. Lin. Aragón                       336                   0                   12             1º Batallón
Inf. Lig. 1º de Barbastro         303                   1                    17                      ¿?
Inf. Lig. 1º de Cataluña          297                   3                    32        Cor. A. de la Cuadra
Inf. Lig. 2º de Cataluña          256                   6                   17       Cor. J. García Orozco
Inf. Lig. V. Cdad. Rodrigo     ¿400?                3                    15      Sg. My. Aº. Palma
Inf. Lig. 1º de Gerona              222                  2                    19                 ¿?
Inf. Lin. Lemos                        230                   3                   41                 ¿?
Inf. Lig. Escolares de León     182                   1                      7                 ¿?
Inf. Lig. Vols. de Monforte     694                   2                    37                 ¿?
Inf. Lin. Vols. de Morrazo      747                   0                    14                 ¿?
Inf. Lin. Victoria o Muerte     725?                  1                      6                 ¿?
Inf. Lin. del Príncipe            ¿600?                  1                     17                 ¿?
Inf. Lig. Vols de la Victoria    417                    3                     33                ¿?
Inf. Lin. Zaragoza                 ¿700?                 0                      11                ¿?
Drg,s. 1º de Lusitania        200/250               ¿?                     ¿?                ¿?
Cab. Lzs. Ciudad Rodrigo     ¿50?                 0/4                   5/2    Cte. A. Reguilon
Artillería                                ¿100?                    1                     13     Tcol. J. Camaño
TOTAL DIVISIÓN               6.509/300       27/4                  296/2

Se halló en la Batalla de Alba de Tormes, donde el veintiocho de noviembre de 1809, habiendo sido rotas las alas del ejército español y puestos en desbandada los soldados por los franceses, Martín de la Carrera formó con la infantería disponible un cuadro en el centro del teatro de operaciones, cuadro que por tres veces sufrió por todos sus lados las contundentes acometidas de la caballería francesa, debiendo ordenar Martín de la Carrera una retirada hacia Alba de Tormes, la que se realizó de forma ordenada.

El día ocho de abril de 1810, ordenó a los Comandantes del Batallón de Lemus, Antonio Ponce, de Infantería, y Joaquín de Mera, de Caballería, que con trescientos de infantería y treinta de a caballo y auxiliados por una partida de patriotas castellanos mandados por el Capitán del Regimiento de Fernando VII, José Armengol, en total trescientos sesenta hombres, procedieron a un ataque sorpresa a Aldeanueva del Camino, donde se encontraban ochocientos franceses, de los cuales doscientos eran de caballería.

Tras irrumpir en la localidad, consiguieron tomarla, matar a unos pocos, hacerles doscientos prisioneros y cogerles gran cantidad de armas y caballos, así como un gran botín. Tras la operación, abandonaron, siguiendo las órdenes de Martín de la Carrera, la localidad de Aldea Nueva, regresando a Coria, lugar donde se hallaba su cuartel general, con los prisioneros y lo obtenido.

Los franceses que pudieron escapar a la acción, regresaron después nuevamente a la localidad, pero a la mañana siguiente la abandonaron, dirigiéndose a Baños.

Hallándose formando parte de las tropas aliadas al mando de Wellington, se separó de estas y se unió a las del marqués de la Romana, enfurecido porque el inglés no había prestado auxilio a Ciudad Rodrigo cuando esta fue asediada y destruida por los franceses del Mariscal Michel Ney, ciudad que hubo de capitular el diez de julio de 1810.

El siguiente veinte de julio, recibe orden desde el Cuartel General de Badajoz de que pase con la División de su mando a situarse en la plaza de Campo Mayor.

El once de agosto de 1810, parte de Bienvenida hacia Salvatierra, sufriendo por el camino el ataque de los franceses. Por orden de Gabriel de Mendizábal, partió con su caballería para realizar labores de observación de los movimientos de la caballería enemiga, mientras la infantería enemiga pasaba al ataque.

Apreciando en un momento dado de la refriega, que la caballería española podía entrar en acción con resultados positivos, dio orden a Martín de la Carrera de que atacase resueltamente, lo cual nuestro hombre hizo con gran rapidez y éxito, atacando con una parte de su caballería a los enemigos.

Sobre octubre o noviembre de 1810 , pasó de Extremadura a la zona portuguesa de Torres Vedras formando parte de los ocho mil hombres encuadrados en dos Divisiones que iban con el marqués de la Romana, mandando Martín de la Carrera una de esas, hallándose al mando de la otra el General Carlos O´Donnell.


Tras fallecer la Romana, Carlos O´Donnell fue trasladado, haciéndose cargo Martín de la División de Vanguardia y de la 2ª del 5º Ejército, teniendo en enero de 1811 su cuartel en Vendas Novas, en el distrito de Évora, de donde debía partir hacia España, pero tras la toma de Olivenza por los portugueses se abortó la partida.

El veintiocho de enero de ese año, escribe carta al Consejo de Regencia dando cuenta de la situación de su ejército, que no puede ser peor, pues carecen de todo y, probablemente, los soldados realizaban violencias con los naturales del país para conseguir avituallamientos. Esto lo deducimos por una comunicación que le envió Wellington el treinta de enero en la que le decía que

"... Le recomendé seriamente la mayor atención posible para preservar el buen orden entre sus tropas. No hay ninguna razón por la que deban saquear el país bajo las circunstancias existentes; y la guerra entre ellos y el campesinado portugués, que será la consecuencia de tal conducta, será la mayor desgracia que nos pueda suceder...."

En esa carta que mandó a la Regencia el veintiocho de enero,  se queja de la escasez de víveres, de calzado, de la falta de pagas para los soldados, quienes desde mediados de septiembre anterior llevan sin cobrar el real diario que cobraban. Faltaban herrajes y otro artículos de necesidad para los caballos y había quien para herrar a sus animal vendía sus escasas raciones.

Por lo que a los carros de transporte de municiones, ranchos y pertrechos, es como si no los tuvieran, pues las mulas padecían la misma escasez de alimentos, muriéndose por el camino y los mozos que las guiaban desertaban.

En cuanto a los hospitales, decía que aun cuando los había en condiciones, no había con qué surtirlos, debiéndose recurrir a la requisación, incluso por medios violentos y a pesar de eso costaba grandísima dificultad encontrar sábanas, ropas y paja con que atender a los heridos.

De la artillería decía que estaba bien, pero que el ganado que tiraba de ella se hallaba en bastante mal estado, no se pagaba a los muleros y estos, desconfiando, desertaban y abandonaban el ganado menos sufrido.

Los almacenes de Badajoz y de Campo Mayor se hallaban pésima o nulamente surtidos.

La respuesta que recibe el siguiente nueve de febrero por parte de la Regencia es que le felicitan por su actuación, le prometen tomar en consideración el estado en que se encuentran las Divisiones a su mando y que mantenga la correspondencia con Wellington, guardándole las consideraciones debidas por el bien de la causa nacional y del Ejército que la sirve.

No obstante, debieron seguir realizándose abusos por parte de los soldados para su alimentación y avituallamiento, pues Martín de la Carrera recibe nueva carta de Wellington en la que le dice que

"...No puedo concluir esta carta sin más esfuerzo esforzándome seriamente para poner de relieve la necesidad de imponer disciplina entre los oficiales y soldados del ejército, y obligarlos a no dañar la propiedad de los habitantes del país las desgracias más graves serán la consecuencia de no asistir a mis repetidas recomendaciones sobre este tema..."

A pesar de estas penalidades y gracias a una hábil acción con la Caballería, distrajo Martín de la Carrera a los franceses defensores de los caminos de entrada a Badajoz, permitiendo con esta operación que el seis de febrero entrar Mendizábal en la ciudad, aunque posteriormente la ciudad se volvió a perder el siguiente día once, a manos de Nicolás Soult.

Esto ocurrió porque tras esta acción, Mendizabal descuidó la posición y no tomó las debidas precauciones. estando al tanto de esto, los franceses emboscaron al ejército español cruzando el río Gévora y envolviendo a los españoles, quienes no fueron capaces de organizar la posición y sufrieron una derrota de cuidado.

La Caballería huye y aunque Mendizábal logra que se formen los cuadros por parte de la infantería, la caballería francesa los supera, huyendo en desbandada los españoles, muriendo en la acción el General José de Gabriel y Estenoz, siendo el número de muertos y heridos españoles de ochocientos. Cuatro mil fueron hechos prisioneros y capturados diecisiete cañones, veinte carros con municiones y dos banderas. Todo ello por cuatrocientas bajas francesas.

Al siguiente día hacen los españoles una salida de la plaza contra las batería que los franceses habían emplazado en las alturas de San Miguel y del Almendro, donde tras asaltar y desalojat las trincheras enemigas clavan varios cañones, pero os franceses consiguen reorganizarse y pasan al contraataque, desalojando a los españoles, a los que causan setecientas bajas, habiendo habido por parte francesa unos cuatrocientos.

Después de esta victoria, envía Sout un emisario a Badajoz para conminarles a la rendición y entrega de la plaza, pero el General Menacho se niega, pasando la ciudad a resistir, abriendo zanjas en las calles, aspillerando las casas y levantando barricadas.

El fuerte de Pardaleras es ocupado por los franceses durante la noche del once de febrero, pero al día siguiente es totalmente destruido por la artillería de la plaza.

No acabaron aquí los problemas, pues el siguiente día diecinueve tuvo lugar un terrible choque entre ambos contendientes en la zona del río Gévora, donde las tropas españolas sufrieron un tremendo descalabro, siendo derrotados en ese punto, acciones que se extendieron hasta Albuquerque, San Vicente, La Codosera y Valença.

Consciente del revés y de que las tropas de su mando, aparte de mermadas, necesitan auxilio en sus carencias, no duda el siguiente veintiséis de febrero en dirigirse a Wellington, exponiéndole la situación y rogándole le socorra.

En la carta le expone que las tropas de su mando han quedado reducidas a mil setecientos soldados de infantería y seiscientos ochenta de a caballo útiles, aunque confiaba en recoger a unos mil quinientos o dos mil dispersos, a los que sumar trescientos reclutas desarmados que hay en Estremoz y otros setecientos hombres de cabalería, también desarmados, situados en un lugar llamado Aldea Gallega. Así mismo cuenta con novecientas mulas de transporte y trescientas cincuenta para tiro y carga de las dieciséis piezas de artillería que aún le quedan, mas ochocientos caballos débiles o enfermos que despachó para Estremoz.


Que con estos datos no le quedaba más remedio que para la reorganización y apoyo del ejército cumplir el objetivo de liberar a Badajoz del asedio francés, acudir a él (a Wellington), comunicándole que de víveres andan más que escasos, pues los que tenían se mandaron a Badajoz entre los días diez y catorce del ese mes. Así mismo, les quedaba tan solo un corto almacén de cartuchos de fusil y poco para la artillería. Dejaban Albuquerque artillado, aprovisionado y municionado para cuatro meses.

Le pedía que le proveyese de víveres, pues la situación era crítica. También le solicitaba tres o cuatro mil fusiles, tres mil pares de zapatos y tres mil uniformes para sus hombres activos y para los reclutas y cuarenta y cinco mil duros para pagar a los soldados. A esto se respondió con un envío desde Lisboa de dos mil fusiles con sus fornituras y mil pares de zapatos. No obstante esta remesa, en carta de nueve de abril al Jefe del Estado Mayor General, sigue mostrando la necesidad perentoria de calzado y vestuario.

Bien, siguiendo con Badajoz, a pesar de los esfuerzos realizados, la ciudad caía en manos franceses el siguiente diez de marzo, tras la capitulación del General Imaz, sucesor de Menacho tras la muerte de este el anterior día cuatro.

El primero de junio de 1811, tiene su cuartel general en Olivencia.


Por orden del Consejo de Regencia de diecisiete de junio de ese mismo año y ratificada el siguiente diecinueve de julio, se le nombra Comandante General de la Caballería del 2º Ejército, que operaba en Aragón y Valencia. Abandonaba así la jefatura del Estado Mayor del 5º Ejército. Se traslada, por tanto a hacerse cargo de dicho nuevo empleo, donde debía cuidar del material, de los mil cuatrocientos caballos disponibles, de la instrucción y de la dirección en las acciones. Estaba al mando de Joaquín Blake, natural de Vélez Málaga, y que había sido nombrado Comandante General del 2º y 3º Ejércitos.

No tenemos más noticias de Martín de la Carrera hasta el veintiséis de diciembre de 1811 , hallándose con el General Joaquín Blake en el Reino de Valencia, hubieron los españoles de abandonar los atrincheramientos de Manises, San Onofre y Cuarte, atravesando unos puentes, pero en la operación fueron acometidos por la izquierda por fuerzas francesas mandadas por el general Jean Isidore  Harispe, ataque que en un primer momento los hombres al mando de Martín de la Carrera lograron rechazar, pero rehechos los franceses, superaron a los nuestros, obligando a Martín de la Carrera a ordenar la retirada hacia Alcira, marchando Harispe sobre Catarroja, obligando a los españoles a proseguir por la ribera del Júcar.

A finales de enero de 1812 se hallaba Martín de la Carrera en las inmediaciones de la ciudad de Murcia, cuando llegó a esta ciudad con soldados del Ejército de Andalucía el hermano del Mariscal de Campo Nicolás Juan de Dios Soult, decidiendo sus soldados hacerle una fiesta, usando para ello el edificio del palacio episcopal murciano.

Conocido esto por nuestro hombre, que se hallaba al mando de la mayor parte de la Caballería del 2º y 3º Ejércitos, tuvo la idea de sorprender a los franceses cuando estos estuviesen en pleno festejo, decidiendo entrar él en la ciudad por la llamada Puerta de Castilla al frente de cien jinetes, dando órdenes al resto para que entraran por otros puntos previamente señalados. Previamente a la operación, dijo a los hombres:

"Soldados, yo no puedo dar corazones, pero sí buen exemplo: ánimo y si le teneis vamos adelante"

Así pues, situándose al frente del escuadrón y tomando la cabeza del puente, sorprendió por la audacia al General francés y sus soldados, pero solo fue un espejismo, ya que una vez dentro nuestro hombre con sus cien hombres, se vieron solos en la acción, pues los demás jinetes no aparecieron por los puntos designados, sin que se sepa bien por qué y puestos en alerta los franceses de la presencia de la pequeña fuerza española, acudieron en masa a la defensa, acometiendo a los españoles, quienes vendieron cara su vida causando, a pesar de su corto número, gran descalabro entre los gabachos, llegando, al final Martín de la Carrera a verse solo en la calle de San Nicolás  ante tantos enemigos, defendiéndose bravamente, causando en esos momentos, que fueron los últimos de su vida, la muerte de dos de los siete que le rodearon. Murió, finalmente, a causa de los sablazos y pistoletazos que recibió.


Treinta y seis años tenía.

Al día siguiente lo enterraron con honores fúnebres y con la pompa que la situación podía permitir. Un mes después, el General en Jefe José O´Donnell celebró solemnes exequias en su memoria. Así mismo, La Junta Provincial, acordó erigirle un cenotafio en el mismo sitio de su fallecimiento, sobre el que se garbó lo siguiente:

"Prefiriendo D. Martin de La-Carrera una muerte llena de gloria ά una vida odiosa, murió de esta manera, dexando no solamente a los jóvenes, sino ά toda la nación la memoria de su muerte para exemplo de virtud y fortaleza."

La ciudad de Murcia, en su honor,  dio su nombre a la calle de San Nicolás, donde cayó muerto, aunque la calle, posteriormente, volvió a tomar el nombre de San Nicolás.

En la fachada lateral de un edificio de noble portón, se conserva la lápida de mármol oscuro que contiene la siguiente inscripción:

"Reinando el señor Fernando VII y defendiendo su patria el general D. Martín La Carrera fue muerto en este sitio por las tropas de Napoleón, el día 26 de enero de 1812"




APÉNDICES

1- Partida de bautismo de Martín de la Carrera Huet 

   "En la ciudad de Malaga en diez y nueve días del mes de agosto del año de mil setecientos setenta y cinco. Yo Dn. Juan Soriano Preposito de la congregacion de Sn. Felipe Neri de ella con licencia de Dn. Damian Garcia de la Yedra Capp. del Primer Battn. del Regito. de Infanteria de la Princesa Baptize en la Igla. de los Sts. Martires de la expresada ciudad un hijo de Dn. Luis de la Carrera Capitan de una de las Compas. del citado Batton. y Regimto natural de Luzena y de Da. Maria Antonia Huet su legitima mugr. de Alicante nacio el dia diez y siete de dcho mes llamose Martin Maria de la Asuncion Pablo Jseph fue su padrino el hermano Luis Cubero de la misma congregacion a qm. la cognozion espiritual y obligacion q. contrajo Abuelos Paternos Dn. Francisco de la Carrera Natl. de Lora del Rio y Da. Isabel Alvarez de Sotomayor de Luzena : Maternos Dn. Luis Huet natl. de Liorna e de Da. Barbara Bontempo de Genova y lo firmo.  ---  Por la salida del Regmt. no pudo firmar esta Parda. el que hizo el Bautismo y en su defecto lo executo como Capp. del Regmt. Damiano Garcia de Yedra. ---  rubricado."  

2- Parte dado tras la victoria de Santiago del veintitrés de mayo de 1809.

   "El brigadier D. Martin de la Carrera ha dado parte de que habiendo tenido noticias positivas de que derrotado y arrojados de Portugal los enemigos, se dirigia el Mariscal Soult con las reliquias de su exército por Orense á Lugo para reunirse con la división de Ney, se puso en marcha [Martín de la Carrera] con las tropas de su mando desde Vigo en la madrugada del dia 21 de mayo ultimo con ánimo de impedir que lo verificaran, y de empeñar una acción.

   A su arribo á Pontevedra supo que por mas que esforzase la marcha, no podria lograrlo por haberse dirigido ya, sin detenerse en Orense, á Lugo por Chantada, y hallarse á distancia de 16 á 20 leguas. Determinó en seguida encaminarse á Santiago, como hizo, para atacar los que estaban en aquel punto, impedir la reunion de estos y llamar la atencion del enemigo; y en efecto el dia 23 á legua y media descubrió sus columnas y empezaron el fuego con nuestras guerrillas.

   La vanguardia, al mando del teniente coronel D. Ambrosio de la Quadra, desplegó con indecible prontitud, y coloco su artillería en tan buena posicion que parecia escogida al intento, y empezando á oponerse al enemigo con tal denuedo, tesón y serenidad, que á pesar de que pretendia este con su caballería y artillería penetrar por el camino real, consiguió, dirigiendo las columnas de infantería por los flancos, detenerlo y dar lugar á que las de derecha é izquierda del mando del coronel D. Pablo Morillo y del teniente coronel D. Francisco de Haro, se colocaron al lado, y que la de reserva del mando de D. Luis Diaz pasase á auxiliar la propia vanguardia.

   Cargados los enemigos empezaron á desordenarse, y el fuego de nuestra artillería, que no en valde tiene la opinión de ser la mejor de Europa, con un fuego el mas vivo y acertado, llenó inmediatamente el ampo de cadaveres, y los vencedores de Austerlitz tuvieron que abandonarlo. Dos o tres veces intentaron reunirse inutilmente, pues estrechados por nuestros valientes soldados, se entregaron á una vergonzosa fuga, en que fueron perseguidos hasta que cerró la noche, de modo que no pudieron oponerse sino muy parcialmente, pagando siempre su atrevimiento.

   Volvieron los enemigos á querer salir al encuentro, animados por un refuerzo que recibieron de 800 hombres de infantería; pero no fueron menos escarmentados, y tuvieron que abandonar la ciudad de Santiago con pérdida de 8 banderas, 5 caxas de guerra, 30 caballos, 800 fusiles, 442 cananas, muchas municiones y efectos de parque, 2.400 pares de zapatos, 700 vestuarios y 41 arrobas de plata que tenían en la casa de la Inquisición, donde la fundían en barras.

   Según declaración de los prisioneros constaba su fuerza de 2700 hombres de infantería, 200 de caballería, 9 cañones de 4 y un obús de 6 pulgadas, que sirvieron tan mal que ni un solo herido tuvimos de esta arma, y su perdida ha consistido en mas de 400 hombres muertos, entre ellos un General de brigada y 5 oficiales, y tambien 38 prisioneros, de los quales estaban heridos 25 con dos oficiales, sin contar al general Moguier que lo fue con dos balazos, y 80 carros que entraron en la Coruña.

   Por nuestra parte hemos tenido 29 hombres muertos con el subteniente del real cuerpo de artillería D. Gerónimo Salamanca; 80 heridos, entre ellos el capitan D. Josef Porras, y el teniente D. Francisco de Neira y Castro, ambos del cuerpo de voluntarios de la Unión, el ayudante del batallon de Monforte D. Ramón Gómez, y los subtenientes del de Lovera D. Francisco Casanova y D. Josef Suárez, y 14 contusos, incluso el comandante de artillería D. Antonio Rosellón, como también un caballo muerto y 3 heridos.

   Concluye el brigadier Carrera diciendo: que ha sido tan general el ardor y entusiasmo de nuestros oficiales y tropa en la acción, que haría una injusticia á todos en hacer particulares recomendaciones; pero que no puede omitir que el ataque fué en el día que se celebró la aparición del santo apóstol Santiago, y en el campo mismo donde se manifestó la estrella, según la tradición histórica"

3- Parte del ataque sorpresa a Aldeanueva del Camino en ocho de abril de 1810

" Badajoz 17 de Abril.
Parte del mariscal de campo D. Martin de la Carrera al Excom. Sr.  marques de la Romana desde Coria á  11 del corriente.

Excmo. Señor: Tengo la satisfaccion de participar a. V. E. el feliz resultado de una pequeña eınpresa que me propuse. En efecto, antes de ayer de madrugada el batallon de Lemus en su corta fuerza de 300 hombres escasos, con 30 caballos, mandados por sus bizarros comandantes , D. Antonio Ponce, y D. Joaquin de Mera, auxiliados por la primera partida de patriotas castellanos, que manda D. Jose Armengol, capitan del regimiento de Infanteria de Fernando VII, que juntos compondran 360 hombres, atacaron en Aldea-Nueva a 800 franceses, 200 de ellos de caballeria. Mataronles 200 honıbres, cogiendoles prisioneros, muchas armas y caballos , y un botin riquisimo : todo lo que estoy aguardando , pues hoy van entrar aqui. Los enemigos que pudieron escapar, volvieron a Aldea-Nueva en el mismo dia, pues Ponce y Mera se retiraron segun mis instrucciones; pero ayer mañana abandonaron dicho pueblo , y se disponian a retirarse tambieıı de Baños, segun los ultimos avisos.

Incluyo a V. E. el parte original que han remitido estos dignos oficiales, D. Antonio Ponce, comandante de la iufanteria, y D. Joaquin de llera, que lo era de la caballerıa.

Los prisioneros saldran mañana para ese quartel general con la correspondiente escolta.

El resto de la division esta impaciente ; pero espero proporcionar a todos iguales ocasiones."

Parte que dandesde el Bronco con fecha, de 9 del corriente al mariscal de campo D. Martin  de la Carrera los comandantes de la expedicion de Aldea-Nueva

   "La gloria que acompaña siempre á las tropas de vanguardia no nos ha abandonado en la accion de este dia sobre Aldea-Nueva del camino, á dos leguas de Baños. Doscientos muertos, prisioneros, maletas, con muchas armas y caballos, todo es nuestro. La accion tuvo un éxito muy feliz. Emprendida mas temprano, hubiera sido completisima;  pero V. S. sabe bien que se atraviesan mil incidentes que impiden verificar las acciones, segun se conciben en la mente de los que las proyectan.

   A las cuatro y media de la mañana de este dia dimos sobre la avanzada enemiga, situada en el mismo camino á un quarto de legua del pueblo, y parapetada del cortinal de un olivar. Habiéndola pasado á cuchillo, siguió la partida de caballería destinada á este objeto, y al de formar en la plaza del pueblo su camino; mas como la infantería marchaba con la viveza que prestan las alas de la gloria, llegó casi al mismo tiempo que la caballería, y pidiéndole se apartase para poder con mas desembarazo jugar los fuegos, los hizo esta, tomando otra calle. Los enemigos quisieron darnos la gloria, sosteniéndose con vigor, para que la que debió llamarse sorpresa se diga accion, á la que solo le ha faltado el requisito de la presencia de V. S. para que graduase su mérito; pero en los corazones y voces de la tropa, instruida al intento, no se oia mas que viva España, viva la vanguardia, y viva nuestro general La carrera, que repetia el pueblo desde las ventanas, y los franceses tambien, diciendo: La Carrera, La Carrera, faltándoles esta adicion: no nos dexa salir con la mayor decencia, pues hubo frances que huyó en camisa.

   Si no fuese tan notoria a V. S. la bizarria del batallon de Lemus, seria preciso un volumen para explicar las acciones con que cada individuo particularizó su denuedo: soldado hubo que mató con su bayoneta cinco franceses; y calculando la fuerza del batallon con la de los muertos, vendrá á deducirse que no habrá soldado que no tenga teñida la suya con la sangre en que deseam0s bañarnos.

    Concluida la accion, y siendo forzosa la retirada para cumplir con las órdenes de V. S., se verificó esta en el mejor órden, cubriendo la retaguardia la caballería, la qual ocupó todo el resto del dia á Granadilla, punto interesante, y por la noche al Casar de Palomero, dexando siempre cubierto á Granadilla; y la infantería se replegó al Aigal con el objeto de venir á pasar la noche á este pueblo. La perdida que hemos tenido en esta gloriosa accion ha sido tan corta, que no merece se haga mencion de ella"

4- Proclamación a los juramentados que hay en Badajoz

   Todavía tenéis lugar, Españoles desgraciados, que un error de calculo, una sorpresa capciosa, un mal entendido interés, y otras equivocadas y aparentes razones de ceder a los impulsos de vuestro corazón; porque basta con ser varones, y haber nacido en este hermoso y privilegiado terreno, para aborrece la tiranía.

   Venga, ved, compatriotas; os acojo a las misericordias de vuestros hermanos y amigos; todavía tenéis lugar; y el olvido de vuestro error participa con nosotros de la dulce satisfacción de buen libre: abjurad esa perfida constitución teatral: evitad por este medio el triste destino que os espera; porque aunque con color, con un vigor patriotico, la justicia descargara sobre vos el peso de su garrote.

   Bujiero y Cervera la sufriran en el mismo puesto, en que más se distinguieron en su equivocada opinión; pero Ortigosa goza de libertad, y consideración; escogí entre los dos extremos, pues positivamente ya no estoy dudoso de vuestra suerte; poco tiempo os queda ya; aprovechadlo, y realizad algún servicio importante a la patria que por mi voz os llama.

   Cuartel general de Valverde 24 de mayo de 1811.

   De orden del Excelentisimo Sr. Capitan General y Jefe del quinto y sexto Ejército Español. El Jefe de Estado del quinto Ejército. Martin de la Carrera.

IHPMalagueñas
Málaga - 2018

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