Historia Provincial Malagueña
viernes, 9 de enero de 2026
CAYETANO GÓMEZ TRAVECEDO CALVO. UN MILICIANO NACIONAL.
ANTONIO MARÍA ÁLVAREZ GUTIERREZ. UN GRANADINO-MALAGUEÑO. 1799-1874
Nació Antonio María en la ciudad de Granada el quince de mayo de 1799, siendo bautizado por fray Manuel Bueno en la iglesia parroquial de San Matías el siguiente día dieciocho. Fueron sus padres Mariano José y María Josefa.
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De sus primeros años no sé nada aparte de que se dedicaba al comercio
con América, y no será hasta la década de 1830 que encuentre noticias más
extensas de su actividad comercial. Efectivamente, durante esta década es
cuando se hace con la propiedad de dos de los conventos desamortizados en la
ciudad de Málaga: el de las Agustinas Descalzas, y su iglesia, situado en la Plaza
de la Constitución, y el de San Francisco, que se hallaba entre el río
Guadalmedina y la calle de Carretería.
En el solar resultante de la demolición del primero, construyó un pasaje
comercial y una serie de edificios de viviendas dispuestos en forma de cruz,
con una calle de esta a oeste y otra de norte a sur, con una placita en el
centro. Al pasaje se le puso por nombre el de Álvarez aunque al instalarse en
uno de los locales el Café de Chinitas, pasó a tener desde entonces este
nombre.
Por lo que al solar resultante de la demolición del segundo, en el
construyó una serie de edificios, unos
baños, llamados primero de Álvarez y posteriormente de Las Delicias,
una plaza de toros con capacidad para diez mil personas -ambos inaugurados en
1842-, la sede del Liceo artístico, científico y literario y su residencia, a
la que la dotó con un jardín.
Los baños ocuparon una parte importante de la huerta del convento y era un
local amplio y
“...está compuesto de un salon de decanso
á la entrada de forma cuadrada, muy capaz, con puerta en frente á la de la
entrada al jardín ó mejor di cho á la parte de huerta que queda. En el centro
de este salon hay un bonito templete formado por columnas de mármol blanco, y
encierra una taza de mármol rojo, que tiene un saltador. A uno y otro lado está
cerrada por tresarcadas sostenidas por columnas que comunican á dos rectángulos
perfectos donde están los cuartos de baños. Estos son bastante bonitos y las tinas
de mármol. El centro de cada rectángulo es un pequeño jardin. El agua es muy
buena considerada como para baños dulces, y como tal deben preferirse. La
temporada en que se halla abierto el establecimiento es desde primero de Junio
al treinta y uno de Setiembre.
El servicio es bastante bueno pero le falta
mucho para llegar al que debe haber para una sociedad de buen tono como sucede
en Madrid y Barcelona, no siendo tan exigentes para desear el que se da en
Paris ó Londres. Los precios son bastante módicos.”
Estos baños fueron visitados por Isabel II cuando esta estuvo de visita
en la ciudad en 1862.
“...es una de las mejores de España, por
su solidez y estension, pues puede contener cómodamente diez mil personas.
Ocupa parte de la huerta que perteneció al convento de S. Francisco, y por
consiguiente está lindando con los baños de las Delicias y con el Liceo; debe
ser objeto de la curiosidad del viagero. En el año sedan muy pocas corridas, y
estas suelen no llenar todas las exigencias de los buenos aficionados.”
En el primer cartel, se podía leer
“…habiéndose obtenido el correspondiente
permiso para ejecutar diez vistas de toros de muerte anuales, se abrirá por
primera vez para que, en las tardes del 14, 15 y 16 de agosto del presente año
de 1840, si el tiempo lo permite, se verifiquen tres de las dichas funciones.”
El Liceo ocupaba la planta baja de la residencia, una zona amplia,
“...adornado elegantemente; está
precedido de un lindo saloncito de descanso; y el teatro colocado al final del
salón, es de muy buen gusto. Además, y antes del descanso, hay una sala tocador
para señoras, un salón para el ambigú, biblioteca, la secretaría, guarda-ropas
y otras oficinas.”
El año de 1864, decidió echar abajo la plaza de toros y edificar más
viviendas, que crearon una calle, llamada, como no podía ser de otra manera,
calle de Álvarez. La de al lado se llamó de Purificación, como su segunda mujer.
Así mismo, adquirió el solar que ocupaba la cárcel en la plaza de la Constitución.,
demoliéndola y edificando unos edificios con un pasaje entre ambos, llamado Pasaje
Heredia, existente en la actualidad, como los edificios.
El cuatro de abril de 1851, presentó al Ayuntamiento un proyecto para la
construcción de un teatro con capacidad para dos mil personas, el cual pensaba
levantar, igual que los edificios, en la Plaza de la Constitución.
Consecuente con sus negocios inmobiliarios, fue director de la sociedad
local de seguros mutuos de incendios de edificios.
Aparte de los negocios inmobiliarios, se hizo, a través de influencias, con
el abastecimiento al presidio de Melilla y los Peñones, negocio que en realidad
fue el primero que se sepa en el que anduvo metido nuestro hombre, solo que los
anteriormente citados tienen más trascendencia por lo que supuso para la ciudad.
Por este contrato, se comprometía a abastecer a los llamados presidios menores
víveres y toda clase de suministros para las guarniciones y presos que en ellos
se encontraban
Precisamente, a raíz de este negocio, sufrió un naufragio y un secuestro
por parte de los moros.
Pues resulta que el veintiocho de octubre de 1836, nuestro Antonio María
embarcó junto a otras doce personas, entre marineros y pasaje, entre ellos una
mujer, en un falucho de nombre Caimán, con destino al presidio de Melilla.
Llevaba el dicho barco una carga de víveres y bastimentos a dicho presidio,
siendo una navegación buena y tranquila hasta que al atardecer del día siguiente,
cuando ya se divisaba la costa marroquí, resultó que tuvo la mala fortuna de
encallar en un banco de arena, dañando el barco, el cual ya debía estar en
malas condiciones, pues empezó a inundarse.
Esta situación creó alarma entre la tripulación y entre la confusión, bajó
nuestro hombre a la cámara al objeto de cofre un cofre donde guardaba dos mil
duros, tanto en oro como en plata, y cuando ya estaba en cubierta para saltar a
la lancha, resultó que el oleaje tumbó el barco, con la mala pata de que
Antonio María fue golpeado en la cabeza, perdiendo el sentido y tragando
bastante agua.
Cuando recuperó el sentido, ya habían llegado a la costa, donde tras un
largo recorrido alcanzaron a llegar a una aldea, en la que pidieron socorro.
Los aldeanos, viendo en el estado en que llegaron, les proporcionaron comida
y agua, pero tras arrebatarles cuanto llevaban los recluyeron en una casa, para
poco después llevarlos a una aldea cerca de donde naufragaron llamada Zama,
siendo encerrados en un establo, quedando prisioneros, diciéndoles que si
querían recuperar la libertad, tenían que pagar un rescate.
Antonio María consiguió enviar recado a Félix Dole, su agente en la
plaza de Melilla, quien tras hablar con el gobernador de la plaza, Rafael
Delgado y Moreno, consiguió que este le autorizara a pagar el rescate, a la vez
que le mandaba un escrito en el que le notificaba que
S. D. A. M. Az.
Me es muy grato poder anunciar a Vs. que
salen las Lanchas en su busca, con el dinero necesario, y las precauciones
precisas, sin embargo de las cuales quedo con el mayor cuidado, pr. el Carácter
de los fronterizos, hasta qe. les
tenga a Vs. en
seguridad en esta Plaza, como anelo de corazón. Hemos tomado cuantas medidas
creemos oportunas, pero a ellas debe Vs. ¿? La prevención
y esfuerzo qe.
permitan su situación pa. el buen
resultado, pues qe. no tenemos
buenas Lanchas.
Hasta la vista qe. anelo,
desea a V. y compañeros la posible tranquilidad su afecto S. S. q. S. M. B.
R. Delgado
Tras el consabido regateo con los moros, al final se convino en pagar
un rescate, que según una versión fue de
mil duros, la mitad en oro y la mitad en plata.
Pero cuando ya se las prometían felices, resultó que el jefe de la aldea
dijo que de oro nada, que en plata, provocando la ira de Antonio María, creándose
una situación muy tensa en tato se esperaban los quinientos duros en plata,
pero dijo el jefe que hasta que no llegasen esos quinientos duros, dos de los
rehenes se quedaban allí en prenda. De modo que los restantes fueron embarcados
en un falucho y conducidos a Melilla, donde fueron recibidos con alegría, con
repique de campanas y disparos de cañón.
El dinero restante fue llevado a la aldea y los dos rehenes pudieron llegar
sanos y salvos a Melilla.
Según otra versión, y esta, a mi entender, es la fiable, se afirma que
el rescate de Antonio María y el de los demás le supuso un desembolso de trece
mil duros según aparece reflejado en su testamento, otorgado el once de octubre
de 1870
“...quedando cautivos y perdiendo mas de
trece mil duros, incluso el rescate de toda la tripulación, que pagué por
caridad...”
Esta aventura la plasmó Antonio María en un opúsculo titulado Mi
naufragio, el cual mandó a la imprenta en 1858, en el cual añadió unas
páginas en las que narraba la muerte de su hijo Antonio, el habido con su
primera mujer, a quien su padre, en su afán de proporcionarle una educación lo más
amplia posible, decidió en 1854 mandarlo a estudiar a Alemania, de modo que se
embarcó en la goleta Acys, que hacía la travesía Málaga-Hamburgo, pero
con la mala fortuna que hallándose ya en el estuario del río Elba, se desató
una tormenta que el barco se fue a pique, naufragó, llevándose por delante las
vidas de unas cuantas personas, entre ellas Antoñito.
Era el veinte de octubre y el muchacho contaba tan solo con diecisiete años.
Como uno de los principales contribuyentes de la ciudad, también estuvo
metido en política y así vemos como a primeros de 1843 se presentó a las
elecciones a senador por la provincia de Badajoz, obteniendo su escaño y jurando
el cargo el siguiente primero de abril de 1843.
Posteriormente volvió a presentarse a senador, aunque esta vez por la
provincia de Lugo, obteniendo su acta el tres de abril de 1872, renovándola el
veintisiete de septiembre siguiente.
Casó dos veces. La primera fue con Amalia Ruiz Delgado, una peruana
natural de Lima y afincada en Málaga, el veintinueve de diciembre de 1831. El
matrimonio, que se llevó a efecto en la parroquia de San Juan de la capital
malagueña, echó al mundo a tres criaturas: Amalia, Antonio y Pedro.
Al fallecer Amalia el nueve de agosto de 1838, volvió a casarse el
veintisiete de julio de 1842, siendo ella Purificación Moya Chacón, condesa de
Moya y veinticuatro años más joven, hija de Mariano Moya, marqués de Valdecañas,
y de Teresa Chacón. Al matrimonio, aportó Antonio María sus bienes inmuebles,
alhajas y un caudal de tres millones cuatrocientos mil reales.
El matrimonio se efectuó en la parroquia granadina de La Magdalena y
echó a mundo cuatro hijos: Matilde, Antonio, Pedro y Miguel.
Ya he contado la desgraciada muerte de su hijo Antonio, pero no será la
única que golpeó a Antonio María, no, que hubo una segunda y también sobre un hijo,
llamado, ¡también! Antonio, fruto de su matrimonio con Purificación Moya, el
cual, habiéndose alistado a las fuerzas carlistas, cayó muerto el año de 1874.
Falleció Antonio María Álvarez Gutiérrez el veintiuno de diciembre de
1874.
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