Marbella era una ciudad amurallada, dentro de la cual se encontraba el castillo-alcazaba, de cual queda hoy algo más de la mitad de su perímetro y varias de sus torres, cuyos nombres son:
Historia Provincial Malagueña
domingo, 20 de septiembre de 2020
TORRES DEL ANTIGUO CASTILLO DE MARBELLA
sábado, 12 de septiembre de 2020
EL NAUFRAGIO DEL VILLE DE MALAGA. 1885.
Si, ya sabemos que este artículo ni se desarrolla en la provincia de Málaga ni las personas que en el aparecen son malagueñas, pero el protagonista, un barco mercante francés, llevaba por nombre Ville de Málaga, es decir, Ciudad de Málaga, de modo que, aunque sea como curiosidad, lo traigo a estas páginas.
"Esta es la crónica del hundimiento de un barco mercante llamado Ciudad de
Málaga en 1885, no puedo precisar más, tan solo que la noticia y la lámina la
encontré en un periódico francés del mes de septiembre de ese año.
Este vapor, comandado por el
capitán Penelsi, perteneciente a la compañía insular de navegación a vapor F.
Morelli et Cie., Partió de Nápoles y Livorno con destino Marsella, llevando
ochenta y tres personas a bordo, incluyendo diecisiete tripulantes.
El domingo, probablemente el trece
de septiembre de ese año, tomó un cargamento de ciento cuarenta bueyes y una
gran cantidad de cestas con aves de corral. Los bueyes estaban alojados parte
en cubiertay parte en la parte inferior de la bodega.
El mar estaba embravecido y el
siroco soplaba con intensidad, desatándose una tempestad que sorprendió al
Villa de Málaga a ocho millas al sur del cabo Noli, escorándose de flanco y
amenazado de hundimientos, provocando que el ganado de cubierta lograra romper
sus ataduras y salir corriendo hacia el puente con gran desorden y pánico.
El capitán, no solo tuvo que realizar
ímprobos esfuerzos por mantener el buque derecho y a flote, vio que la tormenta
iba a acabar con su barco y hundirlo, de modo que cesó en ese empeño y pasó a
intentar poner orden entre la tripulación y pasajeros, que presos de la
confusión y del pánico querían hacerse a toda costa con las barcazas de
salvamento, no pudiendo evitarlo, sonando entre aquella multitud el sálvese quien pueda.
Diez niños, todos calabreses, acabaron en el
mar barridos por las olas que, furiosas, barrían el puente.
La confusión impidió arriar la barca más
grande, con la que se podían haber salvado la mayor parte de los náufragos y
los botes pequeños estaban ya llenos, algunos demasiado llenos, lo que hizo que
volcaran, ahogándose la mayoría de sus ocupantes.
El capitán, cumpliendo con su juramento, abandonó el barco el último, justo
a tiempo, pues al poco el barco se hundió.
Los barcas con los náufragos permanecieron
alrededor de tres horas en el lugar del siniestro, haciendo grandes esfuerzos
el capitán por reunirlos a todos y poder continuar la ruta a algún puerto,
siendo recogidos a unas tres millas por
unos pescadores, quienes condujeron al puerto de Savona a los treinta y cinco
supervivientes, de los cuales diez eran de la tripulación.
Después de este, la compañía sufrió otro
naufragio, que la dejó imposibilitado para seguir prestando el servicio postal
entre Córcega y el continente"
Fuente: gallica.bnf.fr /
Bibliothèque nationale de France
IHPMalagueñas
Málaga - 2020
miércoles, 9 de septiembre de 2020
ANTIGUO CASTILLO DE SAN CARLOS, EN LA CALETA DE MÁLAGA.
Efectivamente, en la visita
de inspección que en 1571 realizó Antonio de Berrio, informa que en la llamada
Caleta del Marqués había una estancia con dos guardas pagados por la ciudad de
Málaga. Esto nos indica que debía ser una zona de especial vigilancia debido a
posibles desembarcos enemigos.
No he encontrado más noticias
sobre esta fortificación hasta el siglo XVIII, cuando la documentación manejada
me informa de que en la misma zona existía un castillo, fuerte o batería
-depende de quien lo trate- construido durante el reinado de Carlos III, en un
principio como lazareto donde confinar a los marineros sospechosos de
contagios, hasta que en 1776 y a iniciativa de la ciudad de Málaga, se
acometieron obras de reforma por un valor de 4896 reales, poniéndole algunas
piezas de artillería, probablemente de a 24.
En 1801, el gobernador militar ordenó habilitarlo para acoger un destacamento de caballería, aunque poco a poco dejó de ser operativo para la artillería y también para usarlo para custodiar presos
En la visita que realizó Felipe de Paz en 1803, este informó que se trataba de un fuerte en buen estado y con casi todos sus edificios nuevos, que disponía de ocho cañones de a 24 para la defensa del fondeadero exterior y del camino a Vélez Málaga, además de contar con parrilla para enrojecer balas.
Debía de estar en buenas condiciones de conservación, aunque en enero de 1821, en el informe realizado por Juan Pérez, se recomendaba realizar algunas obras de restauración, obras que se presupuestaron en algo más de cinco mil doscientos reales.
En el informe redactado por Mauricio Rodríguez de Berlanga en 1830, aconseja que aunque estaba en buen estado, sería conveniente que se le realicen algunas reparaciones y viendo que solo contaba con un cañón de doce libras orientado a levante, informó que tenía capacidad capacidad para montar ocho cañones de gran calibre en tiempo de guerra, pudiendo quedarse en cuatro en época de paz.
Por lo que a la guarnición se refiere, al observar que solo contaba con un sargento de artillería y dos soldados de infantería, aconseja que ese número en tiempo de paz debería ser de un sargento, ocho soldados de infantería y dos artilleros y en época de guerra aumentarlo a un oficial, doce soldados de infantería y tres de artillería y dotarlo con ocho soldados de caballería para patrullar la costa.
En una visita de inspección realizada veinte años después, en 1849, por Miguel de Santillana, este pone de manifiesto que lo considera apto para acoger hasta cuarenta soldados de infantería y artillería, a los que añadir otros veinte de caballería, viéndole también capacidad para almacenar veinte quintales -diez mil kilos- de pólvora.
Lo veía pequeño, por lo cual consideraba oportuno que se ampliase y dotarle de mayor capacidad de fuego por el lado de levante, así como elevar la altura de los edificios que cerraban la gola para desenfilarlo de las alturas que tenía por el norte.
En 1851 se en encontraba sin artillería, al igual que otras baterías de la ciudad.
La mejor descripción que tenemos de el es la que en 1857 hizo José Herrera García. Por ella sabemos que se hallaba situado a 110 varas de la orilla del mar era de forma rectangular, con 55 x 35 varas de lados. También nos informa que en esa época era capaz de montar ocho piezas de artillería de grueso calibre y que cruzaba sus fuegos con los del castillo de Santa Catalina al este y con los de las baterías del llamado Muelle Viejo de Málaga por el oeste.
Su construcción consiste en una barbeta en línea recta de cincuenta y cinco varas por el lado que mira al mar y en el ángulo que forma ese muro con el de poniente se hallaba colocada una garita.
Los edificios interiores se hallan colocados junto a las paredes sur y oeste, consistiendo estos en uno para el comandante, otro para el repuesto de pólvora, otro para el sargento de los artilleros, una cuadra con capacidad para veinte caballos, dos cuartos para los artilleros, una cuadra para la tropa, dos pequeños cuartos, más, una cocina y otro para el común.
Se hallaba a mil varas del castillo de Santa Catalina. A pesar de ser un buen fuerte, tenía tres defectos: que solo tenía, en ese momento, una y media varas de altura respecto al exterior, que se hallaba dominado por los cerros del norte y que podía ser asaltado por el sur, por el mar.
Aconsejaba demolerlo y reemplazarlo por una batería casamata.
Después de esto último, no he encontrado más información sobre él, ni siquiera he encontrado datos sobre cuando fue demolido ni anécdotas ocurridas en el o que lo tengan como protagonista, lo cual espero encontrar habida cuenta la cantidad de archivos y de documentación que me falta por estudiar.
Tan solo he encontrado una que tiene al castillo como convidado de piedra, pues no es protagonista y es la que cuenta que de 1832 fueron ajusticiados con garrote frente a la calle del Puente, en el río Guadalmedina, en Málaga capital, los liberales José Mateos y Juan José Rumí, catedrático del colegio de Santiago de Granada, y junto con ellos también lo fue Antonio Román Álvarez, aunque este por motivos diferentes.
Los liberales tuvieron un entierro, llamémosle normal, no así el tercero que resulta que por no haber muerto en el seno de la fe católica, se le negó el entierro en campo santo, siendo conducido su cadáver a la playa, cerca del castillo de San Carlos, donde fue enterrado.
IHPMalagueñas
Málaga - 2020
miércoles, 2 de septiembre de 2020
UNA LEYENDA DEL CASTILLO DE SANTA CATALINA.
Investigando para realizar un trabajo sobre ciertas fortificaciones defensivas del municipio malagueño, me topé por casualidad con una pequeña historia sobre un suceso ocurrido en el castillo de Santa Catalina, suceso, por supuesto ficticio.
Dicha historia la encontré publicada en un antiguo periódico malagueño llamado La Unión Ilustrada y que por ser poco común encontrar historias -ficticias o reales- que giren entorno a este antiguo castillo, hoy solo el recuerdo en sus escasos restos, no he podido evitar transcribirlo tal cual apareció en el periódico a estas páginas.
De modo que ahí va.
"Málaga, es un país ideal; es decir, ideal para los poetas, para los artistas, para los que admiran la naturaleza tanto más, cuanto más accidentada es; en cambio, Málaga tiene graves inconvenientes, para los comerciantes, para los industriales, para los que prefieren las dilatadas llanuras atiborradas de mieses y la uniformidad del horizonte, á los precipicios, á las rocas, á los bosques y á los arroyuelos murmuradores.
Yo prefiero la primera á la segúnda; y es mi
mayor delicia, contemplarla desde cualquiera de los montes que la rodean. Vista
desde la altura, todo es hermoso, El cielo parece que sonríe, el agua tiene más
brillo. Las gaviotas oscilan lentas en el aire con tranquilo aleteo. Las olas besan
la costa con rumor de carcajada y mi espíritu, libre por unos momentos, de las
preocupaciones que constituyen la cotidiana lucha por la vida, se espansiona y
sueño.
Un dia al atardecer regresaba de mi paseo
por las alamedas del Limonar entre tenues celajes, brillaba en el cielo, con
reflejos de plata, el lucero de la tarde. La luz y la sombra se confundían,
repartiéndose por el espacio, y de entre la sombra y la luz, nacía el
crepúsculo. A mi izquierda, se veía el mar con su dilatada superficie, ora
risueña, ora tempestuosa; con sus abismos, que lo mismo pueden encerrar
preciados tesoros, que monstruos horrorosos; mar fascinador como una sirena;
gigantesco como el poder más formidable de la naturaleza; traidor y tenebroso
como el alma negra y taimada de un criminal; y cómo sirviéndole de marco, una
sinuosa línea, frágil unas veces, por estar formada de menuda y movediza arena,
de dura roca, otras freno que no por fuerte é inamovible, deja de ser
constantemente roído y tascado por el mar iracundo, bañándolo, como el corcel
de espuma.
A la derecha, la ciudad; con sus casas
blancas, semejantes á una bandada de palomas descansando de las fatigas del
día, y en frente, un castillo, el de Santa Catalina.
Durante unos minutos contemplé los penachos
de helechos que se elevaban airosos, para caer después lánguidos por sus esquinas;
la yedra que adornaba las derrumbadas paredes; los bloques de piedra que yacían
esparcidos por el suelo; los arcos de las puertas inclinados por el peso de los
años; los pilares de la terraza derruidos por el tiempo y los agentes
atmosféricos; los restos de las ventanas colgando de sus quicios. Había en este
castillo un tinte tan misterioso, que decidí entrar en él, por si encontraba
entre los fragmentos de piedra y argamasa, alguna extraña leyenda.
Apenas había avanzado algunos pasos en su
interior, abrióse una puerta por la que apareció un anciano, que con una
energía impropia á sus años, preguntó:
— ¿Quién vá?
— ¡La paz! — le contesté.
— ¿Qué busca
usted?—preguntó de nuevo lanzándome una terrible mirada.
— La historia de este
castillo.
— Dicen que estas ruinas no
tienen historia, tal vez, porque es muy triste, pero si quiere usted
escucharla... .
—Es mi único deseo — interrumpí.
—Pues oidla.
"Solariego y extraño señor —comenzó
diciendo el viejo— llamado don Diego de los Monteros, audaz y atrevido, vivía
en esta torre, acostumbrado á mandar y á ser siempre obedecido. Echado una
mañana de bruces sobre el alféizar de su ventana, contemplaba el embravecido
mar, cuando quiso el demonio que su vista se posase en una joven bella y
sencilla, hija de cierto señor, cuyo nombre no recuerdo.
Desde aquel instante, no pensó más que en la
posesión de la doncella, sin reparar en los medios, porque el tal Don Diego, no
era muy escrupuloso; el caso es, que, un día no se sabe si por fuerza ó por
astucia, robó y se hizo dueño de la anhelada mujer.
Herido en lo más honde de su ser quedó un
mozo de estas cercanías.
No vivía; vagaba como un loco por el valle,
y su pensamiento estaba tan lejos de la tierra, que tan indiferentes le eran
los escarnios de los muchachos como las palabras compasivas de las mujeres.
Así pasaron algunos meses; alegre don Diego
y desesperado el mozo, cuando, cierto día, llegó éste al castillo, subió hasta
la torre, burlando la vigilancia de los servidores. Con los pies descalzos
corría por las habitaciones, sin producir ruido, buscando al miserable D.
Diego.
Por fin le halló en el mismo aposento y en
la misma posición que cuando vio por primera vez á la robada doncella. El loco,
se aproximó silencioso, y con agilidad y fuerza sobrehumanas, se lanzó sobre
él, sujetó el cuerpo de D. Diego contra la piedra del alféizar de la ventana y
le hundió una y otra vez, un puñal en la garganta.
Los caminantes que pasaron por las inmediaciones
del castillo, se estremecieron al percibir un ronco gemido, estertor de la
muerte, y se horrorizaron cuando al fijarse en la ventana, vieron á D. Diego
colgando medio cuerpo hacia afuera, convulso y bañado el rostro por la sangre
que manaba de horribles heridas."
Calló el anciano, y después de un corto
silencio me despedí.
¿Será cierta la historia del viejo ó será
pura fantasía?
No lo sé. Pero esa torre, hoy despoblada, se
halla cubierta de flotantes pabellones de plantas trepadoras, y del alféizar de
una de las ventanas, bajan negros rieles estampados en la piedra.
¿De qué proceden esas señales? Tampoco lo sé. Quizás sean rastros de las lluvias, pero ¿no podrían ser también producidos por la sangre vertida por D. Diego de los Monteros?
IHPMalagueñas
Málaga - 2020
sábado, 29 de agosto de 2020
ANTIGUA TORRE GORDA O DEL CLAMOR
Se hallaba frente a la parte occidental de las Atarazanas, donde hoy está la esquina de calle Panaderos con Torregorda. Estaba muy próxima al mar, tanto que este lamía sus muros cuando subía la marea e incluso cuando había oleaje, la batían las olas.
Construida en la época de Abderramán III, tenía planta circular y un aspecto como de fortaleza, sin ninguna decoración, siendo posteriormente unido por una muralla con las atarazanas. Estaba considerada entre los árabes como una fortaleza casi inexpugnable, aunque no evitó que Málaga cayera ante el empuje de Castilla, siguiendo utilizándola sus nuevos propietarios como almacén de pólvora y batería avanzada.
La fachada que daba al mar era de forma redonda, mientras que la que miraba a tierra tenía forma cuadrada y el tres de agosto de 1667, en base a un informe presentado por el corregidor de la ciudad Fernando de Rivera, se ordenó que se cortase por la mitad en altura y se ensanchara para acoplarle artillería.
Sobre el tejado se hallaba como una garita que debía ser la salida de la escalera que accedía a la azotea o terrado. En la base de la torre, por el lado del mar, había una escarpa o plano inclinado contra el que batía el mar. Así mismo, montaba cañones que asomaban sus bocas por troneras.
Ocurre que con la ganancia de terrenos al mar, perdió poco a poco su razón de ser, pues al alejarse la línea de costa, sus cañones no servían para batir los barcos enemigos, ejerciendo esas funciones el fuerte de San Lorenzo que se construyó más adelante, en la línea de playa, así que fue demolida totalmente al finalizar el siglo XVIII, ocupando su terreno nuevas calles junto con el terreno ganado al también demolido (1801) fuerte de San Lorenzo.
Era llamada por los moros Borchs Hayta o Torre del Clamor, pues desde ella llamaba a la oración el alfaquí de la mezquita, que se hallaba próxima a ella. Incluso el militar y poeta malagueño Juan de Ovando y Santarén le dedicó un poema y la menciona en otro:
"Del mar la Torre Gorda por divisa,
cuanto es en nuestras costas celebrada,
es un Etna del bárbaro precisa,
y teniendo a sus sombras abrigada
tanta canalla, que en su arena frisa,
presumida en su trato de alentada,
de atrevidos Gigantes es su puerta
porque a los vicios, la ha tenido abierta."
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"... Que nos viene a vender Bulas
quando sabemos sus mañas
pues solo en la Torre Gorda
le buscan mugeres flacas..."
Hacia finales de la década de 1880, se demolió el edificio que ocupaba el solar en el que en su día se ubicó la torre, erigiéndose en su lugar uno de nueva planta en el que abrió sus puerta en 1893 el teatro-circo Rahden, pasando después a llamarse teatro Lara, hasta marzo de 1945, que fue demolido, erigiéndose en su lugar uno de estilo neorracionalista diseñado por Joaquín Jáuregui Briales.
IHPMalagueñas
Málaga - 2020
viernes, 28 de agosto de 2020
ANTIGUA TORRE VIGÍA DE SAN TELMO
La torre de San Telmo era una torre vigía que se hallaba a casi tres kilómetros del centro de la ciudad por el este y que tras varios siglos de existencia acabó siendo demolida en 1889 por circunstancias de las que después daré cuenta. Lógicamente, al haber sido destruida desconocemos su diámetro -no así su altura, como luego veremos-, aunque no creo equivocarme al asegurar que debía ser muy similar al de la torre de las Palomas, en La Araña, es decir, alrededor de siete metros de diámetro en la base. Al igual que la mayoría de las de su clase, debía de estar hecha de mampostería, con piedras y cal sacadas del mismo lugar donde se emplazó, un cerro rocoso de piedra caliza.
Es probable que estuviera levantada sobre un
zócalo y al contrario que la de La Araña, no parece haber tenido matacán o, al
menos, las fotos disponibles no muestran que lo hubiera tenido en los lados que
miran al oeste y al sur.
De la misma manera, de tratarse de una torre
de origen árabe, una almenara, debió ser respetada su fisonomía tras su
reconstrucción, conservándose en la azotea un recinto de ladrillos gruesos con chimenea
al cual se accedía mediante una escalera. Esto al menos si hacemos caso de la
pintura de Mariano Ramón Sánchez titulada Torre de San Telmo, expuesta en el
Museo del Prado, Madrid.
Noticias sobre la edificación
Esta torre debía tener un origen musulmán,
pues la primera mención que he encontrado de ella es una Instrucción de 1497.
Tras esto, sabemos que en 1500 fue erigida
una torre por Fernando de Baeza a su costa y que la mantuvo en su poder hasta
su fallecimiento. Esto lo sé por un documento existente en el Archivo General
de Simancas, de fecha veintiocho de agosto de 1500, y en él se dice que su
viuda solicitaba que se revisara y se respetara el asiento firmado entre su
difunto esposo y la ciudad de Málaga. Supongo que el terreno y la posible torre
nazarí allí existente le correspondió en suerte en los repartimientos de la
ciudad.
El paso del tiempo mermaba el estado de la
torre y así, en el informe presentado por Antonio Berrio y Luis Machuca en 1571
que se hallaba en muy mal estado, no estando en ella los guardas, sino en una
estancia próxima a la que consideraban suficiente para cumplir con el cometido
encomendado. Pero alguien debió pensar lo contrario, pues para 1575 encontramos
a la torre reedificada, habiendo cobrado el maestro albañil por las obras mil
ducados de vellón.
En 1673, por orden del gobernador
político-militar de Málaga Fernando Carrillo Manuel, se lleva a cabo una obra
de restauración de esta torre.
Esta torre, como le pasaba a la anterior, a
lo largo del tiempo se deteriorada, como así lo recogen los diferentes informes
entre 1749 y 1759 que sobre ella se dieron, anotando estos en diferentes veces
la necesidad de darle cal, arreglar la
azotea, el piso interior, poner recalzos, repellar zonas o hacer una zona
común, entre otros.
No parece que estos consejos se llevaran a
cabo o si lo hicieron, la calidad de las obras dejó bastante que desear, pues
en 176o la ciudad de Málaga hace notar su mal estado de conservación,
solicitando su demolición, opinión que fue ratificada por Antonio María de
Bucarelli tras su visita de inspección de 1762, recomendando hacer una nueva en
un emplazamiento cercano y derribar la existente, presupuestándolo en seis mil
escudos de vellón.
Puestos a la obra, en 1765, Esteban de Aymerick demarca los puntos en los cuales debe estar emplazada la nueva torre, la cual tendría un presupuesto de quince mil reales y que la obra sería dirigida por el subteniente de infantería Manuel Jiménez, quien solicitó por ello una tenencia de caballería en algún regimiento de la costa, según no cuenta el informe presentado por Juan de Urbina en septiembre de 1766.
Por fin, en 1767 Jaime Coca informa que la
torre se halla concluida, que se ha realizado un buen trabajo tanto en
mampostería como en cantería, pero que la cal se había requemado. Ya tenemos
nueva torre, en le mismo acantilado, solo que desplazada una distancia de la
anterior.
Miguel de Santillana, en su visita de
inspección de 1849, dice que la torre se hallaba situada a 300 pies del mar
-casi 84 metros-, a 420 pies de altura -algo más de 115 metros- y que medía 45
pies de altura -unos 12,5o metros- También informa que a 300 pies de ella -unos
80 metros- se producía cal a partir de la piedra del peñasco donde se hallaba
emplazada la torre.
En la memoria presentada por José Herrera
García en 1857, este manifestaba que se hallaba medianamente bien y la incluía
en el proyecto de estaciones telegráficas que se estaba elaborando pues
consideraba que ya no era necesaria como torre vigía.
La torre dejó de existir en 1889, como ya
veremos más adelante.
Noticias sobre dotación de la torre
Por lo que a la dotación de esta torre se
refiere, esta ha variado bastante a lo largo del tiempo, aunque son pocos los
documentos que nos informan del número de torreros que ha tenido a lo largo de
su existencia. En la Instrucción para la guarda de la costa del reino de
Granada dada el trece de septiembre de 1497 arriba citada, se dice que tenía
dos guardas
"...Otrosy en la Torre de San Telmo a de aver dos
peones guardas, el uno queste continuo estante por atalaya en la dicha Torre y
el otro que vaya a dormir cada noche por escucha a la Cala del Moral con la
otra guarda que viene del Peñón de Besmeliana y otro día de mañana vuelva
haciendo su atajo hasta la dicha Torre de San Telmo, éstos a de poner la çibdad o quien yo mandare et se
les ha de pagar de los maravedís de los moros veynte et cinco maravedís cada
día a cada uno de los dichos peones."
En la visita de inspección de 1571 se habla
de cuatro guardas pagados por el rey.
No será hasta el Reglamente de 1764 que no
volvamos a tener conocimiento de qué dotación tenía, informando que este debía
ser de un cabo y dos torreros. Tras esto, Mauricio Rodríguez de Berlanga anota
en su visita de inspección de 1830 que en una casa de la playa, a la altura
aproximada de la torre, había una casa donde paraban los siete soldados de
infantería que tenía como dotación.
Se tiene constancia de que en 1819, los
torre-vigían disponían de casi dos fanegas de tierra alrededor de la torre para
subsistencia de los torre-vigías y obtención de materiales combustibles, aunque
no informa de cuantos hombres conformaba la dotación.
En 1842, los torreros protestan porque se
les ha reducido de tres a una fanega la tierra de que disponen alrededor de la
torre para su subsistencia, así como porque también se les ha reducido el
sueldo a dos reales y medio. En este
caso tampoco informa del número de estos.
En 1849, Miguel de Santillana dice que los
torreros disponían para sus necesidades de nueve fanegas de tierra, aunque no
informa ni de su número ni de si seguían aun ocupando la casa de la playa,
siendo esta la última información que he encontrado.
Noticias sobre sus últimos días
Como ya adelanté líneas arriba, está torre
fue sentenciada a desaparecer desde principios del siglo XVIII. Un par de
causas originan esta circunstancia.
Efectivamente, con motivo de la construcción
del muelle de Levante en el puerto de Málaga, se estuvo extrayendo roca del
cerro donde se hallaba la torre desde el veintidós de septiembre de 1722 hasta
julio de 1786. No afectaron a la torre, pero ya se inició el progresivo
desmonte que concluiría con la demolición de la misma.
Aunque supongo que se extraería más roca
para otras obras, no he encontrado más referencias a voladuras en este cerro
hasta mayo de 1879, que tenían por objeto, al igual que lo anterior, nuevas
obras en el puerto, las cuales necesitaban de piedras de gran tamaño y que no
dudaban en sacarse de allí.
El
veinticuatro de febrero de 1880 tuvo lugar una voladura de grandes proporciones
y tras la detonación de veintiún mil kilos de pólvora se obtuvieron cien mil
metros cúbicos de piedra, volviéndose a repetir una nueva voladura el dieciséis
de junio siguiente, quedando la torre herida de muerte.
El veintiséis de agosto de 1889 se efectuó
la quinta voladura en el cerro, hundiéndose definitivamente y cayendo al vacío
junto con toneladas de piedras, consumándose así la definitiva desaparición de
la torre, testigo mudo del paso del tiempo y de los hombres, la destrucción de
un monumento histórico-artístico con, al menos, casi cuatro siglo de vida, si
no más.
El segundo motivo que da lugar a estas voladuras
es acerca de la seguridad, pues este cerro, sobre todo en épocas de lluvias,
desprendía rocas, a veces de gran tamaño, que caían sobre el camino que iba de
Málaga a Vélez Málaga, suponiendo un riesgo para el tráfico que se desarrollaba
en él y no fueron pocas las veces que aparecieron noticias en la prensa dando
cuenta del peligro y de la necesidad de solucionar el problema, habiéndose dado
el caso en una ocasión, de que debido al desprendimiento de un enorme trozo del
cerro provocó el corte del camino, debiéndose habilitar uno nuevo por el
interior, a través de Cerrado de Calderón.
Ya, por la documentación que he manejado,
desde 1760 venía el ayuntamiento de la ciudad pidiendo la demolición de la
torre y del cerro en el que se emplazaba, debiendo haber empezado a solicitarlo
prácticamente desde que se empezó a demoler el monte para extraer la roca para
las obras del puerto en 1722.
Noticias en torno a la torre
Si bien información sobre su fábrica y época
de construcción no he obtenido gran cosa, no ocurre lo mismo en cuanto a
anécdotas o historias que se sucedieron alrededor de ella y, así, tenemos las
siguientes:
- Entre 1785 y 1787, el pintor y
miniaturista valenciano Mariano Ramón Sánchez pintó un cuadro donde sobre el
cerro destaca con total claridad la torre de San Telmo. Se trata de un óleo
sobre lienzo, con unas dimensiones de 47 x 67 cms, en el que se puede advertir
una ligera influencia del pintor francés Joseph Vernet.
- El veintiséis de julio de 1842, los torre-vigías
de Benagalbón, El Cantal y San Telmo se dirigen al Capitán General de la región
para protestar porque las tierras que tenían asignadas alrededor de cada torre
habían sido reducidas de las tres fanegas que cada una disfrutaban a una
fanega, exponiendo que de esos terrenos se proveían de pasto y de malezas para
el consumo de los hachos de iluminación para las señales de avisos nocturnos a
los destacamentos del Resguardo cuando observaban que se estaban descargando alijos
los contrabandistas que estos
desembarcaran para aprovisionarse.
Así mismo, protestaban de que se les hubiera
rebajado el sueldo a dos reales y medio, lo que les dañaba en su poder
adquisitivo y, por tanto, de subsistencia, por lo cual reclamaban la devolución
de las tres fanegas de tierra que hasta entonces disfrutaban.
- el tres de junio de 1844, es hallado
ahogado junto a la torre un muchacho que días antes había desaparecido y al que
se tenía por demente.
- El veinte de marzo de 1846, el torre-vigía
Antonio Liñán que había adquirido un terrenito junto al de la torre, solicitó
al Comandante General permiso para construir una tapia entre ambos terrenos. De
la misma manera, solicitó permiso para construir una vivienda.
Finalmente, este Antonio Liñán obtiene en
julio de 1875 la propiedad de la torre, en virtud de la subasta general de
bienes basada en leyes de 1855 y 1856 que disponían la enajenación de bienes
tanto urbanos como rústicos pertenecientes al estado y corporaciones, tanto
religiosas como civiles.
Pero pasa que al final o no llegó a hacerse con la propiedad o hubo de devolverla o el Estado volvió a hacerse con ella, pues resulta que como en 188o estaba considerada como un bien del Estado, del Ministerio de la Guerra, y a pesar de hallarse en buen estado aunque sin escalera de acceso, se pudo derribar el veinticuatro de febrero de 1889, cuando se dinamitó el cerro en el que estaba para, como dije más arriba, obtener piedra cara las obras del puerto.
- El veintiséis de enero de 1849, en la calera del cónsul de Gran Bretaña, aneja a la torre, se asfixiaron dos hombres y quedando un tercero en estado muy grave.
- El ocho de febrero de 1862, fue localizado en la torre, y detenido, un ladrón que días antes había robado joyasal ciudadano Carlos Paur .
- Esta torre dio origen a un llamado Club de los obreros de la torre de San Telmo, quienes en 1868 se adhirieron a la proclamación de la República Federal.
- El veintidós de marzo de 1871, en sus proximidades se suicidó de un tiro en la cabeza el notario Manuel Quero.
- El veintisiete de julio de 1872, ante la amenaza de una oleada de huelgas, las autoridades ordenaron que un retén de la Guardia Civil se apostara en la torre.
- En 1873, nuevamente la pintura vuelve a hacerse eco de la torre, al ser reflejada en un cuadro del pintor malagueño Emilio Herrera y Velasco -discípulo de la Escuela Especial de Pintura de Málaga- por encargo de Carlos Larios y del que creo que merece la pena describir, pues es una de las escasas ocasiones en que este tipo de construcciones aparecen reflejadas en la prensa independientemente de su función militar para la que fueron construidas.
Se observa en el cuadro la playa, donde una familia se halla situada en una tienda hecha de palos, jarcias y velas, junto a la que aparece un cenachero -un vendedor ambulante de pescado ambulante-, una abuela sentada en una silla peinando a una cría que se sienta en el suelo arrimada a sus pies y completando la escena un marengo arreglando sus efectos de pesca.
Por encima de esto, sobre el cerro, encontramos la torre de San Telmo, que domina la altura del cuadro.
IHPMalagueñas
Málaga - 2020
miércoles, 26 de agosto de 2020
TORRE VIGÍA DE VERDIALES O DE LA REINA
Torre vigía de Verdiales o de la Reina
Esta torre de origen nazarí, de la época de Muhammad II
(1273 - 1302), se halla enclavada a 569 metros sobre el nivel del mar, en el
margen derecho del río Guadalmedina. Debe ser considerada, más que como torre
de vigilancia, como torre de unión entre la de la Zambra y la del Prado sin
perjuicio de que pudiera servir, dado el caso como torre de vigilancia.
Se trata de una
torre una torre de planta circular y de forma cilíndrica de dos cuerpos, con un
diámetro de cuatro metros y una altura de
lo que se conserva que alcanza lo cinco metros. En cuanto a su técnica constructiva,
está construida a base de mampostería, dispuesta en hiladas de caliza que queda
trabada con argamasa con escasa cal, conservándose en algunas parte restos del
enlucido.
En cuanto a los
cuerpo, el inferior es macizo y el superior, a partir de los 4,75 metros de
altura, que se correspondería con el habitáculo a cámara para los vigilantes,
en el que aun se pueden ver algunos restos del pavimento.
En cuanto a datos
históricos que den noticia de esta torre, solo hemos hallado tres, haciendo
referencia los dos primeros la época de los repartimientos del municipio
malagueño tras la conquista castellana y que vienen reflejados en el Libro III
de los Repartimientos de Málaga, Francisco Bejarano Robles.
- El primero de
ellos hace referencia a un Miguel Sánches Carrascoso que solicita un sitio para
"...colmenar
antiguo que dixo questa ençima de Macharabolno que tenia un moro que se dezia
Aly, que dizques el mas alto do esta un alvarco que en el corriente del agua
que viene del atalaya del a Reyna hazia el molino de maestre Andres, que dixo
questa sin perjuyzio de terçero."
- La otra
referencia, en el mismo Libro que la anterior, informa que
"... Fernando de Palma pidio un
sitio para colmenar a la torre de la Reyna en la vertiente de la otra sierra
hazia Almoxia; diosele sin perjuyzio de terçero e con las otras
condiçiones"
- La tercera
referencia a esta torre, hace referencia a los viñedos, que al igual que se ha
dicho con respecto a la torre del Atabal, el dos de octubre de 1532 se cedieron
terrenos en el entorno de esta torre para el cultivo de la vid, con el mismo
triste destino que la anterior.
Añadir que el
viñedo era uno de los pilares de la economía de Málaga desde finales del siglo
XVIII, hasta que llegó la filoxera, que lo echó todo por tierra, debiéndose
esperar décadas para recuperar la calidad y fama internacional que hoy vuelve a
gozar el producto de los viñedos: el vino de Málaga.
Cerca de esta
torre, a un kilómetro en dirección norte y unos doce minutos andando, se encuentra la antigua ermita de
Verdiales, sede de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, cuyos límites
comprenden los partidos rurales de Verdiales, Venta Larga, Jotrón y Lomillas,
Humaina y una gran parte el de Roalabota, quedando la torre en la margen
izquierda del llamado Camino de Pescadores siendo la torre de el límite.
Imagen de la base, en su lado oeste
IHPMalagueñas
Málaga - 2020
























